El metal parece más frío que la madera cuando ambos materiales se encuentran en una misma habitación. Sin embargo, si permanecieron allí el tiempo suficiente y no recibieron una fuente de calor diferente, pueden estar exactamente a la misma temperatura. Lo que cambia es la rapidez con la que intercambian energía con nuestra mano.
Al tocar un objeto más frío que la piel, el calor fluye desde el cuerpo hacia ese material. Los metales permiten que esa transferencia ocurra rápidamente. La madera, en cambio, dificulta el paso del calor. Esa diferencia es interpretada por nuestro sistema nervioso como una sensación de mayor o menor frío.
¿Por qué el metal parece más frío que la madera?

La propiedad que explica buena parte de este fenómeno se llama conductividad térmica. Indica qué tan fácilmente puede propagarse el calor a través de un material.
Los metales son buenos conductores. Cuando una mano caliente toca una superficie metálica más fría, su energía térmica pasa rápidamente hacia el objeto y se distribuye por su interior. Como la piel pierde calor con velocidad, sentimos un frío intenso.
En la madera ocurre algo diferente. Es un mal conductor térmico y funciona como aislante. La pequeña zona en contacto con la mano se calienta relativamente rápido, pero esa energía no se desplaza con facilidad hacia el resto de la pieza. Como la piel pierde calor más lentamente, parece que la madera estuviera más caliente.
La diferencia entre ambos materiales puede resumirse así:
- Metal: conduce el calor rápidamente y enfría la piel con mayor velocidad.
- Madera: dificulta la transferencia y conserva el calor cerca del punto de contacto.
- Mármol: también puede sentirse frío porque conduce el calor mejor que la madera, aunque de manera diferente a muchos metales.
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Una de las razones de su elevada conductividad está en su estructura. Además de las vibraciones de sus átomos, los metales tienen electrones que pueden desplazarse con relativa libertad y transportar energía térmica rápidamente de una zona a otra.
La madera presenta una estructura muy distinta. Está formada por sustancias como celulosa, hemicelulosa y lignina, y contiene espacios porosos que dificultan la propagación eficiente de la energía. Por eso es utilizada desde hace siglos como material aislante.
Un experimento sencillo para comprobarlo

El fenómeno puede observarse colocando cubitos de hielo sobre una bandeja metálica y sobre una superficie de madera que estén a la misma temperatura. Aunque el metal se sienta más frío, el hielo que descansa sobre él se derretirá más rápido porque recibe con mayor facilidad el calor que circula por el material.
El efecto también funciona al revés: un metal caliente puede sentirse mucho más caliente que una madera a la misma temperatura porque transmite energía hacia la piel con mayor rapidez.
Por lo tanto, cuando el metal parece más frío que la madera, nuestros dedos no están funcionando como un termómetro perfecto. La sensación depende, en gran medida, de la velocidad con la que el calor sale de la piel y atraviesa cada material.
