El agua de mar cubre gran parte de nuestro planeta, pero no sirve para calmar la sed. Su principal problema es la elevada cantidad de sales disueltas: la salinidad media de los océanos es de aproximadamente 35 gramos por cada kilogramo de agua, cerca de un 3,5%.
Los iones más abundantes son el cloruro y el sodio, responsables de alrededor del 85% de los iones disueltos. También contiene magnesio, sulfato y otros minerales en cantidades menores.
Beber un pequeño sorbo accidental no suele representar el mismo problema que utilizar agua marina para hidratarse. Si se consume en buena cantidad, el organismo recibe una carga de sal demasiado alta y debe esforzarse por recuperar su equilibrio.
¿Por qué el agua de mar nos deshidrata?

Cuando tomamos agua marina, el intestino absorbe tanto el líquido como las sales. El exceso de sodio llega a la sangre y el organismo necesita eliminarlo principalmente a través de los riñones.
Pero los riñones humanos no pueden producir una orina con una concentración de sal suficiente como para eliminar toda la incorporada con agua de mar sin utilizar agua adicional. Para expulsar esa carga, el cuerpo termina perdiendo más agua de la que bebió. Es decir, nos deshidratamos.
El aumento de sales en la sangre también altera el movimiento del agua entre las células y su entorno. El resultado puede ser una deshidratación progresiva, más sed y, si el consumo continúa, problemas graves de salud.
Además, el agua tomada directamente del mar no está potabilizada. Por eso, además del exceso de sal, puede contener microorganismos capaces de provocar enfermedades gastrointestinales.
¿Por qué sí podemos beber agua dulce?
El agua potable también puede contener sales y minerales, pero en concentraciones muchísimo menores. Esa cantidad permite reponer el líquido que perdemos mediante la orina, el sudor y la respiración sin incorporar una carga excesiva de sodio.
Para cumplir esa función debe ser, además, segura para el consumo. La Organización Mundial de la Salud recuerda que la potabilidad no depende únicamente de que un agua tenga poca sal: también deben controlarse microorganismos y sustancias químicas capaces de afectar la salud.
¿Se puede convertir el agua de mar en agua potable?

El proceso para convertir agua de mar en agua potable se denomina desalinización y ya se utiliza en numerosos países y regiones con pocas fuentes de agua dulce. Su objetivo es retirar sales y otros componentes hasta obtener un agua apta para ser tratada y consumida. Entre las tecnologías utilizadas se encuentran:
- Ósmosis inversa: fuerza el agua a atravesar membranas que retienen gran parte de las sales;
- Destilación: evapora el agua y luego condensa el vapor, separándolo de los minerales;
- Electrodiálisis: utiliza membranas y electricidad para separar los iones disueltos.
La ósmosis inversa es actualmente una de las tecnologías más extendidas. Sin embargo, la desalinización consume energía, necesita mantenimiento y genera una salmuera muy concentrada que debe gestionarse para reducir su impacto ambiental.
La investigación busca volver estos procesos más eficientes. En 2025, el MIT destacó el desarrollo de equipos compactos capaces de producir agua potable a partir de agua salada utilizando electricidad y energía solar, sin las grandes bombas de alta presión de los sistemas tradicionales.
Otros proyectos trabajan con sistemas solares capaces de adaptar automáticamente su funcionamiento a la cantidad de energía disponible. El objetivo es que la desalinización pueda llegar también a comunidades aisladas, lugares sin conexión eléctrica o zonas afectadas por escasez de agua.
