¿Por qué nos da sed? - Billiken
 

¿Por qué nos da sed?

La sed es mucho más que una sensación en la boca. El cerebro monitorea constantemente el equilibrio de agua y sales y activa mecanismos que nos impulsan a beber y ayudan a conservar líquidos.
Saber Más
Google Logo

Seguí a Billiken
en Google

Saber Más

Después de correr, pasar mucho tiempo al sol o comer algo muy salado puede aparecer una sensación difícil de ignorar: la sed. Sentimos la boca seca, pensamos en agua y beber se convierte rápidamente en una prioridad.

No ocurre por casualidad. La sed forma parte de un sofisticado sistema que permite mantener relativamente estable la cantidad y la concentración de agua del organismo. El cerebro monitorea constantemente esas condiciones y activa distintas respuestas cuando detecta un desequilibrio. Fundación Aquae la describe como un mecanismo de defensa destinado a prevenir la deshidratación.

¿Cómo sabe el cerebro que tenemos sed?

Mujer con sed.

El agua está distribuida tanto dentro como fuera de nuestras células. Según la Cátedra Internacional de Estudios Avanzados en Hidratación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, alrededor de dos tercios del agua corporal se encuentran dentro de las células y el resto forma parte de los líquidos extracelulares, incluido el plasma sanguíneo.

Ese equilibrio puede modificarse. Si perdemos agua mediante el sudor, la respiración o la orina, aumenta la concentración de sustancias disueltas —especialmente sales— en los líquidos corporales.

En el cerebro existen células especializadas llamadas osmorreceptores que detectan esos cambios. Algunas se encuentran en regiones próximas al hipotálamo y responden a modificaciones muy pequeñas en la concentración de la sangre. Cuando el medio se vuelve demasiado concentrado, activan circuitos relacionados con la necesidad de beber.

No existe un único tipo de sed

La necesidad de agua puede aparecer por mecanismos diferentes.

Fundación Aquae distingue, de manera simplificada, una sed osmótica, vinculada al aumento de la concentración de sales, y una sed hipovolémica, relacionada con una disminución del volumen de líquidos circulantes.

Algunos ejemplos permiten entenderlo:

  • Comer alimentos muy salados: aumenta la concentración de solutos y puede despertar sed osmótica.
  • Sudar intensamente: provoca pérdida de agua y electrolitos.
  • Perder mucho líquido por otras causas: puede reducir el volumen sanguíneo y activar mecanismos para conservar agua.

Cuando disminuye el volumen de sangre, distintos sensores del sistema cardiovascular envían señales al cerebro. También se activa el sistema renina-angiotensina, que produce angiotensina II, una molécula capaz de estimular tanto la sed como mecanismos destinados a retener agua y sodio.

¿Qué relación existe entre la sed y los riñones?

Cuando el organismo detecta falta de agua, no solamente nos impulsa a beber. También intenta perder menos líquido.

Una de las protagonistas es la vasopresina, también llamada hormona antidiurética o ADH. Se produce en neuronas del hipotálamo y actúa sobre los riñones para aumentar la reabsorción de agua. De esta manera, el organismo elimina menos agua mediante la orina.

Por eso, cuando una persona está deshidratada, puede producir una menor cantidad de orina y esta suele ser más concentrada y oscura. La Cátedra de Hidratación explica que, si continúa faltando agua, aumenta la liberación de vasopresina y se reduce progresivamente la producción de orina.

Sed y conservación renal forman entonces parte de la misma estrategia: incorporar agua y evitar perderla innecesariamente.

¿Por qué la sed disminuye apenas empezamos a beber?

Beber agua.

Aquí aparece uno de los aspectos más curiosos. El agua que tomamos no llega inmediatamente a corregir la concentración de la sangre. Primero debe atravesar el aparato digestivo y ser absorbida.

Sin embargo, la sensación de sed puede comenzar a disminuir mucho antes.

Estudios fisiológicos muestran que el cerebro también recibe señales procedentes de la boca, la garganta y el aparato digestivo. Estas permiten anticipar que acaba de ingresar líquido y reducir temporalmente el impulso de beber antes de que el equilibrio interno se haya restablecido por completo.

Este sistema evita que sigamos tomando agua sin límite mientras esperamos a que sea absorbida.

La sed, entonces, no es simplemente una sensación desagradable provocada por tener la boca seca. Es el resultado visible de una red de sensores, regiones cerebrales, hormonas y órganos que trabajan constantemente para mantener el equilibrio de agua del cuerpo. Cada vez que buscamos un vaso, nuestro cerebro está respondiendo a información que comenzó a recopilar mucho antes de que fuéramos conscientes de necesitarlo.

    Vínculo copiado al portapapeles.

    3/9

    Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

    Ant Sig