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¿Por qué entra en erupción un volcán?

El magma puede ascender desde decenas de kilómetros de profundidad mientras los gases que contiene forman burbujas y aumentan la presión. Esa combinación ayuda a explicar por qué un volcán puede pasar de la calma a la erupción.
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Un volcán puede permanecer aparentemente tranquilo durante décadas y, en determinado momento, comenzar a expulsar gases, cenizas o lava. Aunque el cambio parezca repentino, la historia de una erupción empieza mucho antes y a varios kilómetros de profundidad.

Allí se encuentra el magma, una mezcla de roca fundida, cristales y gases. Como suele ser menos denso que las rocas sólidas que lo rodean, tiende a ascender. Durante ese recorrido puede acumularse debajo de un volcán y, si encuentra fracturas o zonas débiles en la corteza, terminar alcanzando la superficie. Una vez que sale, el magma recibe otro nombre: lava.

¿Qué ocurre debajo de un volcán antes de una erupción?

Naturaleza.

El Observatorio Argentino de Vigilancia Volcánica (OAVV), perteneciente al SEGEMAR, explica que el magma puede generarse por la fusión de rocas a profundidades superiores a 60 kilómetros, aunque el proceso depende de factores como la presión, la temperatura y la composición de las rocas.

Una vez formado, el magma comienza a ascender porque tiene menor densidad que los materiales sólidos de su entorno. Puede avanzar a través de grietas y conductos y acumularse temporalmente en zonas de almacenamiento bajo el volcán.

Pero el magma no está formado únicamente por roca fundida. También contiene cristales y gases disueltos, entre ellos vapor de agua, dióxido de carbono y dióxido de azufre. Estos últimos son fundamentales para comprender muchas erupciones.

¿Por qué los gases pueden hacer entrar en erupción a un volcán?

A grandes profundidades, la enorme presión permite que buena parte de los gases permanezca disuelta en el magma. Sin embargo, cuando este asciende, la presión que lo rodea disminuye.

Entonces los gases comienzan a separarse y formar burbujas, que aumentan de tamaño a medida que el magma se acerca a la superficie. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) compara el fenómeno con una botella de gaseosa: mientras está cerrada, el gas permanece bajo presión; cuando se reduce esa presión, aparecen numerosas burbujas.

Si esas burbujas pueden escapar fácilmente, el magma puede salir de forma relativamente tranquila. Si quedan atrapadas, en cambio, la presión aumenta hasta provocar una liberación mucho más violenta.

¿Por qué algunas erupciones son explosivas y otras no?

Una de las claves está en la viscosidad, es decir, qué tan fácilmente puede fluir el magma.

El USGS explica que un magma muy fluido permite que los gases escapen con facilidad y suele producir derrames de lava. Un magma más espeso y pegajoso puede impedir esa salida, favorecer la acumulación de presión y generar una explosión.

El OAVV señala que la viscosidad depende principalmente de:

  • La temperatura: cuanto más caliente está el magma, generalmente puede fluir con mayor facilidad.
  • El contenido de sílice: los magmas ricos en sílice suelen ser más viscosos.
  • La cantidad de cristales: puede modificar la facilidad con que se desplaza el material.
  • Los gases o volátiles: influyen directamente sobre la presión y el tipo de erupción.

Cuando llega a la superficie, el magma puede encontrarse aproximadamente entre 700 y 1.300 °C, dependiendo de su composición.

¿Qué puede expulsar un volcán durante una erupción?

Volcán en erupción.

La lava es solamente uno de los productos posibles. Un volcán también puede lanzar ceniza, fragmentos de roca y gases. National Geographic señala que las erupciones pueden ir desde derrames relativamente tranquilos hasta episodios explosivos que envían material hacia la atmósfera.

Las partículas sólidas expulsadas reciben en conjunto el nombre de tefra. Pueden variar desde ceniza extremadamente fina hasta bloques de gran tamaño. Algunas erupciones también generan peligrosas corrientes de materiales calientes que descienden por las laderas o lahares, mezclas de agua, barro y material volcánico.

Además, una erupción no necesariamente termina en unas horas. El USGS señala que la actividad volcánica puede prolongarse durante días, meses e incluso años.

Por eso, cuando un volcán entra en erupción estamos observando el resultado final de procesos que comenzaron muy lejos de nuestra vista. El ascenso del magma, la disminución de la presión y la expansión de los gases transforman lentamente el interior terrestre hasta que los materiales encuentran una salida hacia la superficie.

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