¿Qué es una “cresta africana” y por qué puede disparar la temperatura hasta 40 °C? - Billiken
 

¿Qué es una “cresta africana” y por qué puede disparar la temperatura hasta 40 °C?

Una dorsal de origen subtropical podría volver a elevar las temperaturas en España hasta valores cercanos a los 40 °C. ¿Cómo funciona este fenómeno atmosférico?
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España podría volver a rozar los 40 °C durante los próximos días, en pleno mes de septiembre. Detrás del nuevo aumento de las temperaturas aparece un término que empezó a repetirse en los pronósticos meteorológicos: “cresta africana”.

Aunque el nombre puede resultar extraño, no se trata de una montaña ni de una gigantesca burbuja de aire que viaja intacta desde África. La expresión describe una configuración de la atmósfera capaz de favorecer el desplazamiento de aire muy cálido desde el norte de África hacia Europa.

¿Qué es exactamente una cresta africana?

Naturaleza.

En meteorología, una cresta o dorsal es una prolongación de una zona de altas presiones. La Agencia Estatal de Meteorología de España (AEMET) define una dorsal como la extensión de un anticiclón entre áreas de menor presión.

Cuando esa configuración atmosférica se extiende desde las regiones subtropicales del norte de África hacia la península ibérica, suele utilizarse la expresión cresta africana o dorsal africana.

Estas dorsales se observan especialmente en niveles medios y altos de la atmósfera. Su posición puede favorecer que aire procedente de latitudes muy cálidas avance hacia el norte y alcance España y otros sectores de Europa.

No es un fenómeno desconocido. AEMET ha documentado en otros episodios cómo una dorsal africana, combinada con determinada circulación atmosférica, puede contribuir a períodos de temperaturas muy elevadas.

¿Por qué la cresta africana puede provocar tanto calor?

Hay varios mecanismos que actúan al mismo tiempo. Por un lado, la circulación atmosférica asociada con la dorsal puede transportar hacia España aire procedente de regiones subtropicales y del norte de África, donde las temperaturas son muy elevadas.

Pero hay otro proceso importante: la subsidencia. Dentro de las zonas de altas presiones, parte del aire desciende. A medida que baja hacia niveles donde la presión atmosférica es mayor, se comprime y aumenta su temperatura. Este mecanismo se conoce como calentamiento adiabático.

Además, estas configuraciones suelen favorecer cielos despejados o con pocas nubes. Como consecuencia, la superficie recibe durante muchas horas la radiación del Sol y puede calentarse todavía más.

En conjunto, el transporte de aire cálido, la subsidencia y la fuerte radiación solar pueden disparar los termómetros.

¿España realmente puede alcanzar los 40 °C?

Las previsiones difundidas para los próximos días señalan que esta dorsal de origen subtropical podría provocar un importante ascenso térmico durante el fin de semana y comienzos de la próxima semana.

Según las previsiones de Meteored recogidas por RTVE, algunas zonas del sur de la península ibérica podrían alcanzar entre 39 y 40 °C, valores especialmente elevados para esta altura de septiembre.

El episodio llega después de un verano excepcionalmente cálido. AEMET informó el 9 de septiembre que España acumuló en 2026 61 días bajo olas de calor, más que en cualquier otro año de sus registros. El verano de 2026 también fue el más cálido de la serie histórica española, iniciada en 1961.

¿Una cresta africana siempre provoca una ola de calor?

Cresta africana y calor.

No. Que las temperaturas se acerquen a 40 °C en una localidad no significa automáticamente que exista una ola de calor.

Para clasificar un episodio de esta manera, AEMET tiene en cuenta simultáneamente su duración, extensión e intensidad. En su criterio climatológico, debe prolongarse durante al menos tres días y superar determinados umbrales de temperatura en una proporción mínima de las estaciones meteorológicas analizadas.

Por eso, una cresta africana puede generar jornadas extremadamente calurosas sin convertirse necesariamente en una ola de calor oficial.

La expresión, en definitiva, describe una configuración de la atmósfera. Y aunque sus movimientos ocurran a kilómetros sobre nuestras cabezas, pueden terminar teniendo un efecto muy concreto en la superficie: hacer que, incluso cuando el verano ya parece terminar, los termómetros vuelvan a acercarse a los 40 °C.

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