Hay dos teorías que buscan explicar el origen de la expresión "salvado por la campana". Generalmente, la frase se utiliza cuando alguien se libra de una situación comprometida o peligrosa justo a tiempo, en el último instante.
"Salvado por la campana": ¿de dónde viene la frase?

Una de las teorías más difundidas se remonta a los siglos XVIII y XIX y está ligada al miedo a ser enterrado vivo. En una época donde los diagnósticos médicos no eran tan precisos como en la actualidad, existía una genuina preocupación por ser declarado muerto erróneamente. Condiciones como la catalepsia, caracterizada por la pérdida momentánea de la sensibilidad y la movilidad, podían simular la muerte. De hecho, hay relatos históricos, como el de Fray Luis de León en 1590, cuyo ataúd se encontró con rasguños, lo que sugiere que fue enterrado vivo. Santa Teresa de Jesús también experimentó un episodio similar en 1539.
Para mitigar este terror a la taphephobia, se idearon los llamados "ataúdes de seguridad". Estos diseños incorporaban diversas medidas de precaución, incluyendo una cuerda atada a la muñeca del difunto que se extendía hasta una campana en la superficie. Si la persona enterrada recobraba la consciencia, podía tirar de la cuerda y alertar a los demás mediante el sonido de la campana, siendo así "salvada por la campana" de una muerte prematura. También existieron otras ideas, como tapas de vidrio para observar si se empañaban con la respiración. Se construyeron incluso "death halls" en Alemania donde los cuerpos permanecían unos días con campanas antes del entierro definitivo.
Sin embargo, la teoría que actualmente goza de mayor aceptación entre expertos y etimólogos sitúa el origen de la expresión en el ámbito del boxeo, específicamente en la Inglaterra victoriana del último cuarto del siglo XIX. En este periodo, el boxeo comenzó a ser practicado por hombres de clase baja, y se introdujeron una serie de reglas para hacerlo menos brutal. Una de estas reglas fue la incorporación de una campana para señalar el inicio y el final de cada asalto. El sonido de la campana al final de un asalto podía "salvar" a un boxeador que estuviera recibiendo una paliza o a punto de ser noqueado.

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