La salamanca, el lugar donde se reúnen las brujas y los demonios - Billiken
 

La salamanca, el lugar donde se reúnen las brujas y los demonios

La salamanca es un lugar legendario donde brujas y demonios celebran sus aquelarres, es decir, sus reuniones para la realización de rituales y hechizos. En esta nota, Billiken te cuenta en qué consiste esta leyenda.
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Los mitos y las leyendas nacen del relato espontáneo de alguien a quien le sucedió algo extraordinario alguna vez. O son un eco lejano de las antiguas narraciones de los pueblos originarios, que se van transmitiendo oralmente de generación en generación. Otras veces son adaptaciones de fábulas de otras partes del mundo. Aunque la ciencia desmiente este tipo de historias una y otra vez y se esfuerza por encontrarles una explicación racional, los mitos y las leyendas se siguen transmitiendo a través de los años. En esta oportunidad, Billiken te va a contar el mito de la salamanca y, en otras notas, te va a hablar sobre otros mitos y leyendas. 

¿Qué es la salamanca?

Según la leyenda guaraní, es el sitio donde las brujas y los demonios se reúnen para la realización de rituales y hechizos. Solamente puede encontrar la entrada aquel que conoce la palabra que hace visible el portal. En el interior de la salamanca, el aventurero debe pasar por tres pruebas iniciáticas: la primera consiste en resistir el ataque de un chivo maloliente de ojos rojos, la segunda estriba en aguantar la presión de los anillos de una enorme serpiente peluda llamada “culebrón” y la tercera reside en vencer a un "basilisco criollo" de ojos resplandecientes. Las tres pruebas pueden superarse si se demuestra valentía. Una vez superadas las tres experiencias, se ingresa a una gran sala de piedra iluminada por lámparas de aceite humano. Allí los hechiceros, adivinos, brujos, animales colaboradores y espíritus se reúnen para instruirse en la brujería. En el interior de la salamanca reina un gran alboroto de risas, gritos y llantos. Los concurrentes pueden aprender a realizar curandería, a hablar el idioma de los animales o simplemente a hacer daño.

La salamanca en Catamarca

Cuenta la leyenda que en Catamarca se debe entrar a la salamanca desnudo, siendo guiado por un cuervo. Al momento de entrar, el futuro iniciado debe escupir sobre una imagen sagrada, que por lo general es un crucifijo. Se dice que a veces el mismo Diablo sale de la salamanca para buscar adeptos y aparece bajo el aspecto de un gaucho vestido lujosamente, con adornos de plata. Se puede reconocer a quienes han estado en la salamanca porque, según cuenta la leyenda, no proyectan sombra.

La salamanca en Santiago del Estero

Según la versión de los santiagueños, la salamanca como producto del mestizaje cultural es un espacio destinado a la enseñanza y al intercambio de conocimientos ubicado en una cueva o en el monte. Allí el iniciado aprende el arte que le interesa (domar caballos, bailar, tocar la guitarra, curar, hacer maleficios y algunas más) siguiendo las lecciones del “Supay”, es decir, del demonio. La tradición cuenta que si alguien escucha la música que proviene de la salamanca, caerá en una vida de terror, a menos que se trate de una persona de buena fe o que tenga un rosario entre sus manos para no caer en la tentación del “Supay”. Muchas personas aseguran que diversos artistas que quieren utilizar al máximo sus dotes concurren a la salamanca para hacer pactos con el diablo. Varios artistas han reflejado la salamanca en sus obras tanto plásticas como musicales.

La salamanca en Buenos Aires

Se dice que la cueva de la salamanca en la provincia de Buenos Aires se encuentra en las proximidades de la localidad de Obligado. Es la más conocida de un sistema de cuevas ubicado sobre las barrancas que caen en el río Paraná. Se cree que allí opera un antro infernal. En la Buenos Aires antigua de 1810, mientras los patriotas echaban al virrey y el pueblo se preparaba para reunirse enfrente del Cabildo, todo era excitación durante el día. Sin embargo, por la noche nadie quería pasar delante del lugar que hoy ocupa el Banco Nación, a un costado de la plaza, porque consideraban que allí existía una salamanca. El peligro era caminar delante de una y recibir una maldición o padecer un maleficio. 

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