La biodiversidad en los trópicos es mayor que en casi cualquier otra región de la Tierra. Es decir: una gran variedad de plantas, animales, hongos y microorganismos vive en la región que delimitan las dos líneas imaginarias al norte y el sur del Ecuador.
Esto se conoce como gradiente latitudinal de diversidad: en otras palabras, que la cantidad de especies aumenta desde los polos hacia el Ecuador. Pero los científicos todavía no encontraron una única explicación al respecto.
La enorme riqueza tropical parece surgir de la combinación entre clima, energía, historia evolutiva, tamaño de los ambientes y relaciones entre los seres vivos.
¿Cuántas especies viven en los trópicos?

Determinar la cantidad total de especies de la Tierra es muy difícil. Las estimaciones históricas fueron muy amplias, aunque uno de los cálculos científicos más citados propone alrededor de 8,7 millones de especies eucariotas (aquellas cuyas células tienen un núcleo definido).
Hasta ahora, la ciencia describió formalmente solo una parte de ellas. Muchos insectos, hongos, organismos marinos y microorganismos todavía no tienen nombre científico.
También es difícil establecer qué porcentaje vive en los trópicos, porque cada investigación analiza grupos y ambientes diferentes. Un estudio publicado en 2022 determinó que los bosques tropicales albergan el 62% de las especies de vertebrados terrestres del mundo.
La proporción incluye mamíferos, aves, reptiles y anfibios. Además, hasta el 29% de los vertebrados terrestres son exclusivos de estos bosques, es decir, no habitan naturalmente en ningún otro ambiente.
¿Cuál es la influencia del clima?
Las regiones tropicales reciben abundante energía solar durante todo el año. A diferencia de las zonas templadas, allí la duración de los días y las temperaturas cambian menos entre una estación y otra.
La luz permite que las plantas realicen la fotosíntesis durante casi todos los meses. Cuando también hay agua disponible, producen una gran cantidad de hojas, frutos, semillas y madera. Esta materia viva, llamada biomasa, sostiene largas cadenas alimentarias.
El ciclo se explica solo: más plantas pueden alimentar a más herbívoros; a su vez, una mayor variedad de herbívoros permite la presencia de numerosos depredadores, parásitos y organismos descomponedores.
Las temperaturas cálidas también aceleran muchos procesos metabólicos. Una hipótesis sostiene que esto puede aumentar la velocidad de reproducción, las interacciones ecológicas y ciertos cambios evolutivos. Con el paso de miles o millones de años, esos procesos podrían favorecer la aparición de nuevas especies.
Sin embargo, esta explicación continúa en debate. El calor ayuda, pero no alcanza por sí solo: existen lugares cálidos con una biodiversidad menor que la de algunas montañas o selvas tropicales.
Tiempo, estabilidad y variedad de hábitats

Los ecosistemas tropicales son muy antiguos. Mientras las glaciaciones cubrieron o alteraron grandes extensiones de las regiones templadas, numerosas zonas cercanas al Ecuador mantuvieron condiciones relativamente estables.
Esto no significa que permanecieran sin cambios. Hubo sequías, variaciones en las lluvias, movimientos geológicos y modificaciones en la vegetación. Pero muchas regiones tropicales evitaron las extensas capas de hielo que eliminaron ambientes y especies en latitudes altas.
Como resultado, distintos linajes tuvieron más tiempo para evolucionar. Una especie podía adaptarse a comer un fruto particular, vivir a una determinada altura o reproducirse en una clase específica de planta.
La variedad de ambientes también multiplica las oportunidades. Dentro de una selva existen diferentes condiciones en el suelo, el sotobosque y la copa de los árboles. A esto se suman ríos, montañas, valles y sectores aislados.
Cuando dos poblaciones quedan separadas por una cordillera, un río o un ambiente inadecuado, dejan de intercambiar individuos con frecuencia. Después de muchas generaciones pueden acumular suficientes diferencias como para formar especies distintas.
¿Por qué es importante proteger estas regiones?
Las mismas condiciones que produjeron tanta diversidad también permitieron la aparición de especies muy especializadas y con distribuciones pequeñas. Algunas viven en una única isla, montaña, cuenca o fragmento de bosque.
Por eso, la tala, los incendios, la minería, la expansión agrícola y el cambio climático pueden provocar pérdidas irreparables, ya que las mismas especies no son aptas para desarrollarse en otros ambientes.
Todavía quedan millones de organismos por estudiar, especialmente entre los invertebrados, hongos y microorganismos. Algunos podrían desaparecer incluso antes de recibir un nombre científico.
