Algunas montañas de colores parecen haber sido pintadas con enormes pinceladas. Sus laderas muestran franjas rojas, amarillas, verdes, blancas o violáceas que se extienden durante kilómetros. Sin embargo, cada una de esas líneas puede representar un capítulo distinto de la historia geológica del lugar.
El origen no es idéntico en todas las montañas. En muchos casos, el paisaje comenzó a formarse cuando arena, barro y otros sedimentos se fueron acumulando en antiguos ríos, lagos, mares o llanuras. Con el tiempo, esos materiales quedaron compactados y cementados hasta formar diferentes capas de roca sedimentaria.
¿Cómo se forman las capas de las montañas de colores?

Para entender estas franjas hay que retroceder millones de años. Los ambientes de una región pueden cambiar muchas veces: un lugar ocupado por un río puede convertirse después en un lago, una llanura o quedar cubierto por agua marina.
Cada ambiente deposita materiales diferentes. Arena, arcilla, limo, restos minerales y otros sedimentos se acumulan capa sobre capa. El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos explica que, con el enterramiento, procesos como la compactación de los granos y la cementación mineral terminan convirtiéndolos en rocas sedimentarias.
En Vinicunca, la famosa Montaña de Siete Colores de Perú, la explicación propuesta por especialistas incluye precisamente antiguos sedimentos marinos, lacustres y fluviales. Con el paso del tiempo quedaron estratificados y formaron capas con composiciones distintas.
¿De dónde salen los colores de estas montañas?
El color de una roca depende en buena medida de los minerales que contiene y de las transformaciones químicas que experimentó.
El hierro es uno de los protagonistas más conocidos. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) explica que los tonos rojizos de muchas rocas sedimentarias proceden de óxidos de hierro, especialmente hematita. Cuando minerales que contienen hierro reaccionan con oxígeno y agua pueden generar colores similares a los del óxido que aparece sobre un objeto metálico.
Algunas tonalidades frecuentes pueden relacionarse con:
- Rojos y rosados: suelen estar asociados a óxidos de hierro como la hematita.
- Amarillos y marrones: pueden aparecer por distintas formas de óxidos e hidróxidos de hierro y otros minerales.
- Verdes: pueden deberse a minerales como clorita o a determinadas condiciones químicas que modificaron los compuestos de hierro.
- Blancos o claros: pueden corresponder a capas ricas en cuarzo, carbonatos u otros materiales con poco hierro pigmentando la roca.
Por eso, dos capas depositadas en momentos diferentes pueden terminar mostrando colores totalmente distintos.
¿Por qué las montañas de colores tienen las franjas inclinadas?

Los sedimentos suelen depositarse originalmente en capas más o menos horizontales. Pero el planeta está en movimiento.
Las fuerzas relacionadas con la tectónica de placas pueden comprimir, plegar, fracturar y elevar esas antiguas capas. Materiales que alguna vez estuvieron en el fondo de un ambiente acuático pueden terminar formando parte de una montaña a miles de metros de altura.
En Vinicunca, por ejemplo, el levantamiento tectónico de los Andes elevó los estratos que hoy observamos en la superficie. En otros lugares, los pliegues pueden generar líneas inclinadas, curvas o incluso enormes dibujos en zigzag.
La Serranía de Hornocal, en Jujuy, Argentina, es un buen ejemplo. Allí aparecen capas sedimentarias de diferentes colores vinculadas a la Formación Yacoraite y a otras unidades geológicas. La disposición inclinada de los estratos produce su característico paisaje triangular.
La erosión termina revelando las franjas
Todavía falta un último proceso para que podamos contemplar el resultado: la erosión. El viento, la lluvia, los cambios de temperatura, los ríos y el hielo desgastan lentamente la superficie de las montañas.
A medida que eliminan materiales, dejan expuestas capas que permanecieron enterradas durante millones de años. Algunas rocas se erosionan con mayor facilidad que otras, lo que además contribuye a producir relieves irregulares y resaltar determinadas franjas.
Por eso, las montañas de colores no responden a un único fenómeno. Son el resultado de una historia en varias etapas: primero se depositaron diferentes materiales, después se transformaron en roca, los movimientos de la Tierra los levantaron y finalmente la erosión los dejó a la vista.
Sus franjas funcionan casi como páginas de un enorme libro geológico. Cada color guarda pistas sobre ambientes y procesos que ocurrieron muchísimo antes de que existiera el paisaje que vemos hoy.

