Un glaciar puede parecer blanco desde lejos y, sin embargo, revelar un azul intenso en una grieta o en una pared recién desprendida. En algunos casos, el color llega a parecer turquesa.
La explicación está en la manera en que la luz atraviesa el hielo. Los glaciares azules contienen sectores de hielo muy compacto en los que la luz puede recorrer una distancia considerable. Durante ese viaje, distintas longitudes de onda no se comportan de la misma manera: las rojizas se absorben con mayor facilidad, mientras que las azuladas pueden transmitirse y dispersarse hasta llegar a nuestros ojos.
¿Por qué existen glaciares azules?

Todo comienza mucho antes de que aparezca el color.
Un glaciar se forma en lugares donde, durante muchos años, se acumula más nieve de la que se derrite. Las nuevas capas presionan a las anteriores y los copos comienzan a transformarse en granos y, finalmente, en grandes cristales de hielo glaciar.
En la nieve recién caída queda atrapado mucho aire. Esas diminutas superficies dispersan la luz de muchos colores aproximadamente por igual y hacen que la nieve se vea blanca.
Pero a medida que aumenta la presión, parte de ese aire desaparece y el hielo se vuelve más denso. La luz puede entonces penetrar más profundamente antes de regresar al exterior. Cuanto mayor es el trayecto que recorre dentro del hielo, más evidente puede hacerse el tono azul.
El proceso puede resumirse así:
- La nieve se acumula durante años y queda enterrada por nuevas capas.
- La presión la compacta y reduce muchos de los espacios llenos de aire.
- El hielo se vuelve más denso y permite que la luz penetre a mayor profundidad.
- Los colores rojizos se absorben más, mientras que el azul logra transmitirse y dispersarse.
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¿Cómo produce la luz el color de los glaciares azules?
La luz del Sol parece blanca, pero contiene todos los colores del espectro visible. Cada uno corresponde a diferentes longitudes de onda.
Cuando esa luz entra en una masa gruesa de hielo, no todas las longitudes de onda consiguen recorrer la misma distancia. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) explica que el hielo glaciar absorbe preferentemente la parte roja, de longitud de onda más larga, mientras transmite y dispersa con mayor eficacia la luz azul, de longitud de onda más corta.
Por eso, cuanto más largo es el recorrido de la luz dentro del hielo, más azul puede parecer.
No se trata, entonces, simplemente de que el glaciar refleje el cielo. El fenómeno ocurre dentro del propio hielo. Incluso bajo un cielo nublado pueden observarse intensos tonos azulados si la masa es suficientemente compacta.
¿Por qué no todo el glaciar se ve azul?

Porque las condiciones de su superficie cambian constantemente.
Las capas superiores suelen estar cubiertas por nieve reciente, que contiene mucho aire y dispersa prácticamente todo el espectro visible. Por eso se ven blancas. En cambio, una grieta profunda, una cueva de hielo o una pared expuesta puede dejar a la vista sectores más antiguos y densos.
Woods Hole Oceanographic Institution señala que el azul suele observarse especialmente bien en los bordes donde el glaciar se fractura y en zonas donde queda expuesto el hielo profundo.
En la Antártida existe incluso un fenómeno conocido como áreas de hielo azul. Allí, fuertes vientos pueden retirar la nieve de la superficie y dejar expuesto directamente el hielo antiguo y compacto, creando enormes manchas azuladas en medio del paisaje blanco.
¿El hielo azul es más frío?
No necesariamente.
El USGS aclara que el hielo de un glaciar no tiene propiedades térmicas especiales por ser azul. El color habla principalmente de la manera en que la luz interactúa con una masa de hielo densa y de gran espesor, no de una temperatura excepcionalmente baja.
Tampoco todos los tonos son idénticos. La cantidad de aire atrapado, las grietas, sedimentos, algas y la profundidad desde la que emerge la luz pueden modificar la apariencia de una masa glaciar.
Los glaciares azules ofrecen así una demostración gigantesca de un fenómeno óptico. Detrás de ese color extraordinario hay nieve que pasó años o siglos bajo presión y luz solar que recorrió el hielo perdiendo algunos colores por el camino.
El resultado es uno de los paisajes más sorprendentes de la naturaleza: una enorme masa de agua congelada capaz de seleccionar, casi imperceptiblemente, qué parte de la luz finalmente veremos.
