Google Earth permite recorrer prácticamente cualquier rincón del planeta desde una computadora o un teléfono. Pero sus imágenes aéreas y satelitales también pueden revelar algo que resulta difícil de reconocer cuando una persona camina sobre el terreno: formas geométricas, antiguos caminos, modificaciones del suelo o construcciones que podrían haber sido realizadas por seres humanos hace cientos o miles de años. Por eso, herramientas de este tipo se convirtieron en valiosos aliados de la arqueología.
Un caso reciente apareció en Argentina. Una llamativa estructura de piedra ubicada a unos 3.000 metros de altura en la Cordillera del Tigre, Mendoza, fue detectada inicialmente mediante Google Earth por el andinista Carlos Gobbi. Ahora un equipo internacional de arqueólogos se prepara para estudiarla y descubrir qué es realmente.
¿Qué puede mostrar Google Earth a los arqueólogos?

Google Earth reúne imágenes obtenidas desde satélites y aeronaves y permite observar grandes extensiones de terreno desde arriba. También ofrece herramientas para recorrer el relieve en tres dimensiones y, en determinados casos, comparar imágenes obtenidas en distintos momentos. Google aclara que estas fotografías proceden de diferentes proveedores y fechas y que no muestran la superficie terrestre en tiempo real.
Esa perspectiva aérea puede ser especialmente útil para la arqueología. Una pared antigua, una zanja o el trazado de un camino pueden resultar difíciles de distinguir desde el suelo y, sin embargo, formar un patrón evidente cuando se observan desde gran altura.
NASA explica que la denominada teledetección permite estudiar grandes regiones sin necesidad de recorrerlas primero a pie. Diferencias en la vegetación, el color del suelo, la humedad o pequeñas variaciones del relieve pueden indicar que debajo o sobre la superficie existen estructuras construidas por personas.
El sitio que apareció en Google Earth en Mendoza
El ejemplo mendocino muestra muy bien cómo funciona este proceso. Carlos Gobbi observó desde Google Earth una estructura inusual en una meseta de la Cordillera del Tigre. Después realizó una exigente caminata de tres días para comprobar que las formas visibles en las imágenes existían realmente sobre el terreno.
Allí encontró construcciones de piedra que forman habitaciones, canales y pasillos interconectados con figuras circulares y rectangulares. Sus dimensiones son lo suficientemente grandes como para poder reconocerse desde el aire.
Los investigadores trabajan con la hipótesis de que podría tratarse de un geoglifo o espacio ceremonial prehispánico, quizás relacionado con la presencia incaica en la región y con el Qhapaq Ñan, el gran sistema vial del Tahuantinsuyo. Pero todavía no está demostrado: también debe establecerse cuándo fue construido y cuál era su función.
La investigación será codirigida por especialistas del IANIGLA-CONICET y la Universidad Nacional de Cuyo, junto con investigadores de la Universidad de Jaén, España. El trabajo de campo utilizará drones, GPS de precisión, cartografía digital y análisis de sedimentos.
¿Una imagen satelital alcanza para descubrir un sitio arqueológico?

No. Google Earth puede señalar un lugar interesante, pero no confirma por sí mismo que exista un sitio arqueológico.
Una forma geométrica visible desde arriba podría haber sido creada por seres humanos, pero también tener un origen natural o moderno. Por eso los arqueólogos deben visitar el lugar, medir las estructuras, estudiar sus materiales y analizar su relación con otros elementos del paisaje.
En muchos casos también se realizan excavaciones y se utilizan técnicas que permiten determinar edades, composición de materiales y distintas etapas de ocupación.
La tecnología, entonces, funciona como una primera pista. UNESCO destaca que las imágenes satelitales también sirven para vigilar sitios patrimoniales y registrar transformaciones que pueden ser difíciles de detectar desde tierra.
Del espacio al trabajo sobre el terreno
La arqueología utilizaba fotografías aéreas mucho antes de que existiera Google Earth. Con la llegada de los satélites y otras tecnologías de teledetección, esa capacidad creció enormemente: hoy es posible observar paisajes completos, buscar patrones y decidir dónde conviene realizar investigaciones más detalladas.
Pero el principio sigue siendo el mismo: ver algo desde arriba es apenas el comienzo. La verdadera investigación ocurre cuando esa pista se combina con mediciones, excavaciones, análisis científicos y conocimiento histórico.
El caso de Mendoza todavía debe resolver varias preguntas. Justamente por eso resulta tan interesante: una imagen observada en Google Earth puede convertirse en el punto de partida de una investigación capaz de revelar cómo las sociedades del pasado modificaron y utilizaron el paisaje de los Andes.

