¿Desde cuándo las páginas de los libros tienen números? - Billiken
 

¿Desde cuándo las páginas de los libros tienen números?

Durante siglos, los libros podían circular sin páginas numeradas. La imprenta permitió que una misma referencia funcionara en todos los ejemplares de una edición y cambió para siempre la manera de buscar información.
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Hoy es difícil imaginar un libro sin números de página. Basta con mirar un índice, seguir una cita o recordar dónde dejamos la lectura para comprobar lo útiles que resultan. Sin embargo, durante buena parte de la historia de los libros esa pequeña cifra no existió.

La numeración de páginas comenzó a difundirse con la imprenta europea, pero no apareció de golpe ni fue inmediatamente universal. En los manuscritos medievales existieron distintos sistemas de referencia, aunque numerar regularmente cada hoja o cada página fue poco habitual.

¿Cuándo apareció la numeración de páginas en los libros?

Páginas de libros.

Primero hay que distinguir dos conceptos. La foliación numera cada hoja física una sola vez: su frente se denomina recto y su reverso, verso. La paginación moderna, en cambio, asigna un número diferente a cada una de esas dos caras.

Un antecedente fundamental apareció en Colonia, Alemania, en 1470. El impresor Arnold ther Hoernen publicó Sermo in festo praesentationis beatissimae Mariae virginis, considerado el primer libro impreso conservado que incorpora números impresos en sus hojas. Técnicamente, todavía era foliación: las cifras aparecían en el recto de cada folio.

El dato resulta llamativo porque la imprenta europea llevaba ya algunas décadas en funcionamiento. Los primeros impresores copiaban muchas características de los manuscritos y los números todavía no parecían imprescindibles.

Algunas fechas permiten ordenar esta transformación:

  • Década de 1450: la impresión con tipos móviles se expande en Europa.
  • 1470: Arnold ther Hoernen publica en Colonia un libro con sus hojas numeradas.
  • Comienzos del siglo XVI: la paginación empieza a utilizarse con mayor frecuencia.
  • Fines del siglo XVI: los números se habían convertido en una característica habitual del libro impreso.

¿Por qué la imprenta impulsó la numeración de páginas?

En un manuscrito copiado a mano, dos ejemplares de una misma obra podían tener diferente distribución del texto y distinta cantidad de hojas. Una referencia como “página 42” servía solamente para una copia determinada.

La imprenta cambió el problema. Podían producirse muchos ejemplares de una misma edición con el contenido distribuido prácticamente de la misma forma. Entonces, un número podía llevar a lectores diferentes hacia el mismo pasaje.

La biblioteca Gonville & Caius de la Universidad de Cambridge señala que la foliación fue adoptada de manera tentativa en los impresos del siglo XV, mientras que la paginación comenzó a extenderse desde principios del XVI y avanzó hasta convertirse en estándar hacia el final de esa centuria.

Así cambió también la forma de leer: ya no hacía falta recorrer necesariamente una obra desde el principio para encontrar un fragmento concreto.

La numeración de páginas transformó los índices

Libros.

Los números hicieron mucho más que indicar cuánto faltaba para terminar un libro. Permitieron perfeccionar herramientas que hoy parecen inseparables de cualquier publicación.

Entre ellas se encuentran:

  • Índices alfabéticos, que pueden enviar al lector hacia un punto preciso;
  • Tablas de contenidos, relacionadas con páginas determinadas;
  • Citas y referencias, que otras personas pueden localizar y comprobar;
  • Listas de erratas, capaces de señalar exactamente dónde aparece un error.

Cambridge explica que estas herramientas adquirieron mucha más precisión cuando quedaron vinculadas con la estructura fija del libro impreso. Esto favoreció una lectura más selectiva: el lector podía saltar directamente hacia la información que necesitaba.

¿Por qué algunos libros tienen páginas sin número visible?

Los libros actuales todavía conservan varias convenciones. Las hojas de la portada y otras páginas preliminares pueden formar parte de la cuenta aunque la cifra no esté impresa. Es lo que suele denominarse numeración “ciega”.

En otras ediciones, los preliminares utilizan números romanos —i, ii, iii— y el cuerpo principal comienza después con los números arábigos desde el 1. También es habitual que las páginas impares queden a la derecha y las pares a la izquierda.

La numeración de páginas, por lo tanto, no nació junto con el libro. Encontró su gran oportunidad cuando la imprenta permitió fabricar copias iguales de una misma edición.

Desde aquellas hojas numeradas en Colonia en 1470 hasta las citas, índices y manuales actuales, una cifra diminuta modificó profundamente nuestra relación con los textos: hizo posible no solo leerlos, sino también navegarlos.

    Vínculo copiado al portapapeles.

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    Ant Sig