Entre los últimos meses del año hay una coincidencia fácil de reconocer: septiembre, octubre, noviembre y diciembre terminan en "bre". No ocurre con ninguno de los otros ocho meses y la explicación, se cree, está en la antigua Roma.
Pero esos nombres esconden otra curiosidad. Septiembre contiene una raíz relacionada con siete; octubre, con ocho; noviembre, con nueve; y diciembre, con diez. Entonces, ¿por qué hoy ocupan los puestos nueve, diez, once y doce?
¿Por qué los meses del año no siempre fueron doce?
Según la tradición romana, uno de los primeros calendarios utilizados en Roma tenía diez meses y comenzaba en marzo. Por eso, los últimos cuatro estaban numerados de acuerdo con su posición original.
Más adelante se incorporaron enero y febrero, una reforma tradicionalmente atribuida al rey Numa Pompilio. El calendario pasó así a tener doce meses, pero los antiguos nombres de septiembre, octubre, noviembre y diciembre no cambiaron. De hecho, sus raíces quedaron como una especie de "fósil" lingüístico:
- Septiembre: del latín septem, "siete";
- Octubre: de octo, "ocho";
- Noviembre: de novem, "nueve";
- Diciembre: de decem, "diez".
¿Julio y agosto fueron agregados después?

Aunque se cree eso, lo cierto es que ambos meses ya existían. El actual julio se llamaba Quintilis, porque originalmente era el quinto mes, mientras que agosto era Sextilis, el sexto.
Quintilis fue rebautizado Julius en 44 a. C., en honor a Julio César. Sextilis recibió el nombre Augustus en 8 a. C., como homenaje al emperador Augusto. En español, esos nombres evolucionaron hasta convertirse en julio y agosto.
Por lo tanto, no fue la incorporación de estos dos meses la que desplazó a septiembre y los siguientes. El cambio de posición ya había ocurrido mucho antes, cuando enero y febrero pasaron a formar parte del calendario.
¿De dónde sale "bre" en los meses del año?
Los nombres españoles proceden de formas latinas como Septembris o Novembris, de donde procede la terminación que terminó convirtiéndose en nuestro “-bre”.
Los especialistas consideran que el elemento latino -bris probablemente funcionaba como un sufijo adjetival que se usó para formar un nuevo sustantivo, en vez de un nuevo adjetivo. De esta manera, los nombres expresaban originalmente algo parecido a "el séptimo", "el octavo", "el noveno" y "el décimo" mes.
La reforma del calendario juliano impulsada por Julio César en el siglo I a. C. reorganizó la duración de los meses y estableció un sistema mucho más cercano al actual. Nuestro calendario gregoriano conservó después buena parte de aquella estructura y, con ella, estos cuatro antiguos nombres romanos.
