Usamos el teclado todos los días y, sin embargo, algunos de sus detalles pueden pasar años inadvertidos. Basta deslizar un dedo sobre las letras F y J para encontrar algo diferente: ambas suelen tener una pequeña línea, punto o relieve.
La marca de las teclas F y J funciona como una guía táctil. Su objetivo es que una persona pueda encontrar rápidamente la posición correcta de las manos sin mirar hacia abajo. Es especialmente útil para la mecanografía al tacto, la técnica que permite escribir utilizando varios dedos y memorizando la ubicación de cada tecla.
¿Para qué sirven las marcas de las teclas F y J?

En un teclado QWERTY tradicional, los dedos parten de una posición denominada fila guía, home row o fila de inicio. Las dos manos descansan sobre la fila central de letras y desde allí se desplazan para alcanzar el resto.
La ubicación habitual es:
- Meñique izquierdo: A.
- Anular izquierdo: S.
- Dedo medio izquierdo: D.
- Índice izquierdo: F.
- Índice derecho: J.
- Dedo medio derecho: K.
- Anular derecho: L.
- Meñique derecho: Ñ en muchos teclados en español o punto y coma en los ingleses.
Así, F y J quedan exactamente debajo de los dos dedos índices. Al reconocer sus relieves con el tacto, es posible colocar automáticamente los otros dedos en sus posiciones correspondientes.
Después de alcanzar una letra situada más arriba o abajo, los dedos pueden regresar a esa fila central. Las marcas funcionan entonces como dos pequeños “faros”: indican dónde están las manos sin necesidad de buscar visualmente cada letra.
¿Por qué las teclas F y J ayudan a escribir sin mirar?
La técnica se conoce como mecanografía al tacto o touch typing. Su principio básico consiste en aprender qué dedos corresponden a determinadas zonas del teclado y desarrollar, mediante la práctica, una especie de mapa mental de las teclas.
La llamada memoria muscular permite que con el tiempo los movimientos se vuelvan mucho más automáticos. En lugar de buscar una letra, presionarla y volver a mirar la pantalla, el usuario puede mantener la vista sobre aquello que está escribiendo.
Las referencias táctiles son especialmente útiles después de:
- Retirar las manos del teclado;
- Utilizar el mouse;
- Presionar teclas alejadas de la fila central;
- Corregir accidentalmente una mala posición de los dedos.
Con solo deslizar los índices hasta encontrar los dos relieves, las manos recuperan su punto de partida.
Una idea relacionada con la historia de la mecanografía

Las pequeñas marcas actuales son más recientes que el teclado QWERTY. Esta distribución de letras comenzó a desarrollarse en Estados Unidos durante la década de 1870 de la mano de Christopher Latham Sholes y terminó convirtiéndose en el diseño dominante de las máquinas de escribir y, posteriormente, de las computadoras.
La escritura al tacto también tiene más de un siglo de historia. Con la enseñanza de la mecanografía se consolidó la costumbre de utilizar la fila central como posición de referencia.
Sin embargo, no todos los teclados históricos resolvieron esa orientación táctil de la misma manera. Algunos utilizaron pequeños puntos, otros superficies más cóncavas y otros colocaron las referencias en letras diferentes. Por ejemplo, ciertos antiguos teclados de Apple llevaron marcas en D y K antes de adoptar F y J.
También circula con frecuencia la afirmación de que la estadounidense June E. Botich “inventó” las marcas de F y J en 1982. Los registros de patentes no respaldan esa fecha. Botich presentó en 2002 una patente de un sistema de modificaciones táctiles para distintas teclas de la fila central, concedida en 2003, pero ese diseño no equivale al origen documentado de las dos rayas que hoy vemos normalmente en F y J.
Hay otra tecla que suele tener una marca
Quienes tengan un teclado numérico separado pueden realizar un pequeño experimento: tocar la tecla 5. En muchos modelos también presenta un punto o relieve.
La razón es prácticamente la misma. El 5 funciona como referencia central del bloque numérico y permite ubicar los dedos sin mirar. Desde allí se reconocen rápidamente las posiciones del 4 y el 6 y, por extensión, todo el conjunto de números.
Las teclas F y J, por lo tanto, demuestran cuánto puede esconderse detrás de un detalle diminuto. Dos rayitas casi imperceptibles convierten al tacto en una herramienta de orientación y permiten que, con suficiente práctica, nuestras manos sepan dónde están incluso cuando nuestros ojos permanecen todo el tiempo sobre la pantalla.

