Instituto Salk: la mole de hormigón que combina un diseño único con paisajes de ensueño y avances científicos - Billiken
 

Instituto Salk: la mole de hormigón que combina un diseño único con paisajes de ensueño y avances científicos

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Laboratorios científicos, enormes estructuras de hormigón y una plaza abierta hacia el océano forman uno de los edificios más admirados de California. Su diseño nació hace más de seis décadas y todavía conserva buena parte de su aspecto original.
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En La Jolla, al norte de San Diego, Estados Unidos, el Instituto Salk se encuentra en un terreno elevado frente al Pacífico. Esta mole de hormigón se trató de un proyecto impulsado por Jonas Salk, creador de la primera vacuna segura y eficaz contra la poliomielitis, que imaginaba un centro donde científicos de distintas disciplinas pudieran investigar y pensar juntos.

La ciudad de San Diego cedió en 1960 unas 27 acres de terreno —casi 11 hectáreas— y Salk eligió al arquitecto Louis I. Kahn para diseñar el complejo. Su pedido combinaba funcionalidad y belleza: laboratorios amplios y adaptables, materiales duraderos y un lugar lo bastante inspirador como para ser “digno de una visita de Picasso”.

Instituto Salk: del proyecto de 1959 a la obra construida

Canal de agua en el edificio.

Kahn comenzó a trabajar con Salk a fines de la década de 1950. El plan atravesó varias transformaciones: llegó a incluir una Meeting House, espacios comunitarios y viviendas para investigadores, pero esas piezas no se construyeron. La versión definitiva concentró el programa científico en dos bloques longitudinales enfrentados.

El Instituto Salk tiene un área construida en 411.580 pies cuadrados. Es decir, 38.237 m². Hoy, los edificios originales albergan 50 laboratorios.

La obra comenzó en junio de 1962 y el primer hormigón se vertió en diciembre de ese año. Los edificios diseñados por Kahn abrieron en 1965; investigadores se trasladaron al nuevo bloque norte en 1966 y el Instituto marca 1967 como el final de la construcción.

¿Cuánto material se utilizó? Según investigaciones específicas de la época, se calculó el área construida en 411.580 pies cuadrados. Es decir, cerca de 38.237 m². Además, en la actualidad los edificios originales albergan 50 laboratorios.

El hormigón del Instituto Salk, una obra dentro de la obra

Entrada de hormigón.

El material que define al conjunto es el hormigón vertido in situ. Kahn buscó una superficie lisa, duradera y prácticamente sin mantenimiento. El Instituto señala que recurrió a una mezcla puzolánica inspirada en el hormigón romano, que aporta un tono cálido y rosado, especialmente visible con la luz del amanecer y el atardecer.

El encofrado recibió un cuidado extraordinario: los paneles de madera contrachapada eran rellenados, lijados y recubiertos con poliuretano para lograr superficies uniformes. Kahn decidió no pulir, rellenar ni pintar el material terminado. Hasta las juntas en “V” y los puntos de los tirantes quedaron incorporados al diseño.

Finalmente, es relevante mencionar que si bien existe una publicación de la firma de arquitectura Corgan que cifra en 864.000 pies cúbicos, unos 24.500 m³, el hormigón utilizado en el Instituto, Salk no publica un volumen total oficial. Pero sí confirma que el conjunto combina travertino, teca, vidrio, plomo y acero y que tiene una superficie de aproximadamente 18.500 m² de hormigón a la vista.

Laboratorios flexibles y una plaza abierta al Pacífico

Vistas al Instituto Salk.

Una innovación fundamental fue separar los espacios científicos de las instalaciones. Los dos edificios tienen seis niveles: tres de laboratorios y tres plantas intersticiales para electricidad, ventilación, tuberías y otros servicios. Esto permite modificar instalaciones sin interrumpir los experimentos.

La ingeniería estructural desarrollada junto a August Komendant también buscó responder a la actividad sísmica de California. Los patios hundidos llevan luz hacia sectores subterráneos, mientras 36 estudios privados revestidos de teca miran hacia la plaza y el océano.

Kahn había imaginado vegetación en el patio central, pero el arquitecto mexicano Luis Barragán propuso dejarlo vacío, como una “fachada al cielo”. El resultado fue una explanada de travertino atravesada por un estrecho canal de agua que conduce visualmente hacia el Pacífico.

¿Cómo se puede visitar hoy el Instituto Salk?

Agua en el Instituto Salk.

El lugar sigue siendo un centro científico activo, por lo que no funciona como un museo de acceso libre. Actualmente las visitas públicas requieren inscripción previa y se ofrecen generalmente los miércoles, jueves y viernes. Duran aproximadamente una hora y transcurren por espacios exteriores: los laboratorios y otros interiores científicos no están incluidos.

Esa condición resume el carácter singular del Instituto Salk. No es una obra histórica congelada en el tiempo: más de seis décadas después, sus superficies de hormigón, sus laboratorios flexibles y sus estudios frente al mar continúan cumpliendo la función para la que fueron concebidos, mientras su plaza sigue siendo una de las postales más reconocibles de la arquitectura del siglo XX.

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