Hace menos de tres años, buena parte del paisaje de Las Tablas de Daimiel estaba seco. En diciembre de 2023, este famoso humedal de España conservaba apenas 22 hectáreas encharcadas, poco más del 1% de las aproximadamente 1.750 hectáreas que pueden quedar cubiertas por el agua.
En agosto de 2026, la imagen es muy distinta. El Parque Nacional mantiene alrededor de 800 hectáreas inundadas, una superficie excepcional para pleno verano y resultado de la bonanza hídrica iniciada durante la primavera.
El agua también produjo una respuesta espectacular de la naturaleza: este año se estimaron entre 1.600 y 1.700 parejas reproductoras de pato colorado, el mejor resultado desde que comenzó la serie de censos en 1980.
¿Qué son las Tablas de Daimiel?

Las Tablas de Daimiel están en la provincia de Ciudad Real, en Castilla-La Mancha, en el centro de España. Son uno de los humedales más singulares de Europa y representan un ecosistema conocido como tabla fluvial.
Una tabla fluvial aparece cuando un río se desborda sobre un terreno muy llano y el agua se extiende formando grandes superficies poco profundas. En Daimiel, además, históricamente se combinaron los aportes de los ríos Guadiana y Gigüela con el agua subterránea procedente de un enorme acuífero.
El terreno tiene tan poca pendiente que el agua puede ocupar extensiones enormes sin alcanzar grandes profundidades. La guía oficial del parque señala que la profundidad media es inferior a un metro y que, por esa razón, volúmenes relativamente pequeños de agua pueden inundar grandes superficies.
Ese mosaico de lagunas, vegetación y zonas inundables crea un hábitat excepcional para las aves. El Ministerio para la Transición Ecológica de España señala que en el humedal pueden encontrarse unas 250 especies de aves, algunas residentes y muchas otras que lo utilizan para reproducirse, pasar el invierno o descansar durante sus migraciones.
Billiken ya explicó que los humedales son ambientes que permanecen inundados de forma temporal o permanente y que resultan fundamentales para la biodiversidad, el almacenamiento de agua y numerosas especies animales y vegetales.
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¿Cómo se recuperaron las Tablas de Daimiel?
La recuperación actual tiene como protagonista principal al agua que volvió al sistema durante un período favorable de precipitaciones.
Las lluvias permitieron aumentar los aportes hacia el parque y mejorar la situación respecto de los años de sequía extrema. En mayo de 2026, antes del comienzo del verano europeo, llegaron a contabilizarse aproximadamente 1.400 hectáreas inundadas de unas 1.700 encharcables.
Con la llegada del verano, caracterizado en esta región por temperaturas elevadas y pocas precipitaciones, la superficie cubierta naturalmente comenzó a disminuir. Aun así, a comienzos de agosto permanecían bajo el agua cerca de 800 hectáreas, algo particularmente destacable para esa época del año.
Hay una característica del propio paisaje que ayuda a explicar los grandes cambios. Como Las Tablas son muy poco profundas y prácticamente planas, una variación relativamente pequeña del nivel del agua puede hacer aparecer o desaparecer cientos de hectáreas de superficie inundada.
Por eso el humedal puede modificar rápidamente su aspecto cuando llegan suficientes aportes de agua.
Las Tablas de Daimiel pasaron de una gran sequía a un récord de aves

El contraste con años recientes es enorme.
En 2020, la memoria oficial de la Red de Parques Nacionales indicó que el 82% del humedal permaneció completamente seco. La situación llegó a ser tan delicada que fue necesario recurrir a sondeos de emergencia para evitar la desecación total y proteger los suelos de turba.
Tres años después, en noviembre y diciembre de 2023, la superficie encharcada volvió a caer a tan solo 22 hectáreas.
La llegada del agua modificó nuevamente el ecosistema. Cuando aumenta la superficie inundada, pueden desarrollarse las plantas subacuáticas conocidas localmente como ovas, fundamentales para numerosas aves. Estas plantas constituyen una importante fuente de alimento para especies acuáticas.
El caso más espectacular de 2026 es el pato colorado (Netta rufina). Los censos estimaron entre 1.600 y 1.700 parejas reproductoras, por encima del registro del año anterior y como máximo de la serie iniciada en 1980.
También se contabilizaron al menos 400 parejas de porrón europeo, entre 220 y 240 de ánade friso y buenos resultados para especies amenazadas. La malvasía alcanzó al menos 60 parejas y se observaron 154 pollos, uno de sus mejores registros históricos en el parque.
El pato colorado tiene además valor como indicador ambiental: el propio director del parque explica en documentación oficial que su alimentación basada en plantas subacuáticas permite utilizarlo como un bioindicador del estado del ecosistema acuático.
¿Significa esta recuperación que el humedal ya está a salvo?
No. Y esta es una de las claves para comprender correctamente la recuperación de Las Tablas de Daimiel.
La presencia actual de mucha más agua y el éxito reproductivo de las aves son noticias muy positivas, pero una buena temporada no elimina los problemas estructurales del humedal.
Durante décadas, el funcionamiento natural de Las Tablas fue alterado por períodos de sequía y, especialmente, por la extracción intensiva de las aguas subterráneas para el regadío. A partir de la década de 1970, las extracciones llegaron a superar la recarga natural del acuífero, descendió el nivel freático y desaparecieron muchos de los aportes naturales de agua subterránea.
El Ministerio español advierte que la cantidad y la calidad del agua del parque sufren presiones desde hace décadas. El cambio climático y la sobreexplotación de las aguas subterráneas siguen formando parte de los grandes desafíos para conservarlo.
Por eso, los científicos y gestores diferencian entre una recuperación hídrica temporal y la recuperación estable del funcionamiento natural de un ecosistema.
Las 800 hectáreas inundadas de agosto de 2026 muestran algo fascinante: cuando regresan condiciones favorables, un humedal puede responder con enorme rapidez. Aparecen plantas acuáticas, mejoran los lugares de alimentación y refugio y las aves vuelven a reproducirse en grandes números.
Pero conservar esa recuperación durante muchos años requiere algo mucho más difícil: garantizar que los ríos, el acuífero y el propio humedal dispongan de suficiente agua de forma sostenible.
Las Tablas de Daimiel son, así, un buen ejemplo de la extraordinaria capacidad de recuperación de la naturaleza, pero también de lo frágil que puede ser esa recuperación si desaparece nuevamente su recurso fundamental: el agua.
