La Constitución Nacional argentina es la ley fundamental y suprema del país. Esto significa que todas las demás leyes, normas y decisiones del Estado deben respetarla. En ella se establecen los derechos, las garantías, las obligaciones y la forma en que se organiza el gobierno nacional.
También puede pensarse como un gran acuerdo de convivencia. Así como en un juego hacen falta reglas para saber qué se puede hacer y qué no, en una sociedad la Constitución indica cuáles son los principios básicos que deben respetar las autoridades y los ciudadanos.
Por eso, conocerla ayuda a entender mejor cómo funciona la Argentina y cuáles son los derechos que protegen a sus habitantes.
¿Para qué sirve la Constitución Nacional argentina?
La Constitución Nacional argentina sirve para ordenar la vida política e institucional del país. Define, por ejemplo, cómo se organiza el gobierno, qué funciones tienen los poderes del Estado y qué derechos deben ser protegidos. Su artículo 1 establece que la Argentina adopta para su gobierno la forma representativa, republicana y federal:
- Representativa, porque el pueblo gobierna a través de representantes elegidos por voto,
- Republicana, porque el poder se divide en tres (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), se controla y debe respetar la ley,
- Federal, porque las provincias conservan autonomía y tienen sus propias instituciones dentro del marco general de la Nación.
Además, la Constitución reconoce derechos básicos. Entre ellos, el derecho a trabajar, enseñar y aprender, publicar ideas por la prensa, entrar y salir del país, asociarse con fines útiles y profesar libremente un culto. También incluye garantías que protegen a las personas frente a posibles abusos del poder.
La historia de la Constitución Nacional
La Constitución fue sancionada el 1º de mayo de 1853 en la ciudad de Santa Fe, por el Congreso General Constituyente, con participación de todas las provincias excepto Buenos Aires, que no estaba de acuerdo con su carácter federal. Su aprobación fue un paso muy importante para organizar el país después de años de conflictos entre distintas ideas políticas, especialmente entre unitarios y federales.
Pero el texto no apareció de la nada. Se apoyó en pactos y acuerdos anteriores entre las provincias, y buscó “constituir la unión nacional”, “afianzar la justicia” y “consolidar la paz interior”, como dice el Preámbulo. Desde entonces, la Constitución funcionó como base para construir el Estado argentino moderno.
A lo largo del tiempo fue reformada para adaptarse a nuevas necesidades sociales, políticas e institucionales. Entre las reformas más importantes se encuentran las de 1860, 1866, 1898, 1949, 1957 y 1994, la última, que entre otros cambios acortó el mandato presidencial de seis a cuatro años.
Una de las modificaciones centrales fue la de 1860, realizada después de la incorporación de Buenos Aires a la organización constitucional. Luego hubo reformas más puntuales, como las de 1866 y 1898, que ajustaron aspectos del funcionamiento del Estado.
En 1949 se incorporaron los derechos del trabajador, de la familia y la minoridad, entre otro, que fueron suspendidos en 1955 y sumados nuevamente en 1957. Entre los elementos agregados, están: condiciones dignas de labor, jornada limitada, salario mínimo vital móvil, derecho de huelga, jubilaciones y protección integral de la familia.
La reforma de 1994 fue una de las más amplias. Entre otros cambios, incorporó nuevos derechos y dio jerarquía constitucional a tratados internacionales de derechos humanos. Esos instrumentos complementan los derechos y garantías reconocidos por la Constitución.