Perder un diente sería un acontecimiento importante para una persona. Para un tiburón, en cambio, forma parte de la vida cotidiana. Sus dientes se desgastan, se quiebran o se desprenden mientras capturan alimento, pero el problema dura poco: detrás de ellos ya existen nuevas piezas listas para ocupar su lugar.
El Smithsonian explica que los tiburones tienen varias filas dentales y reemplazan sus dientes continuamente. A lo largo de la vida pueden perder y generar miles de piezas, gracias a un mecanismo de renovación que funciona desde que son jóvenes hasta que mueren.
¿Cómo reemplaza sus dientes un tiburón?

En la parte delantera de la mandíbula se encuentran los dientes que están siendo utilizados para capturar o cortar el alimento. Detrás hay otras filas en distintas etapas de desarrollo.
Cuando una pieza funcional se pierde, las que están detrás avanzan hacia adelante hasta ocupar la posición libre. El Smithsonian compara este sistema con una cinta transportadora: los dientes se forman en tejidos de la mandíbula y van desplazándose gradualmente hacia el borde de la boca.
De esta manera, el animal no necesita esperar a perder una pieza para comenzar a fabricar su sustituta. Los reemplazos ya están preparándose de antemano.
La velocidad varía según la especie, la edad y otros factores. El Florida Museum of Natural History señala que en algunos tiburones puede desarrollarse un nuevo conjunto de dientes aproximadamente cada dos semanas.
El tiburón tiene varias generaciones de dientes preparadas
Los científicos llaman polifiodoncia a la capacidad de producir numerosas generaciones de dientes a lo largo de la vida.
Investigaciones sobre el desarrollo dental de los tiburones muestran que las nuevas piezas se originan en una estructura de tejido denominada lámina dental. Allí existe una zona activa capaz de generar dientes de reemplazo continuamente. A medida que maduran, se desplazan desde el interior de la mandíbula hacia su posición funcional.
El sistema puede resumirse en varias etapas:
- Formación: nuevos dientes comienzan a desarrollarse detrás de los funcionales.
- Maduración: las piezas aumentan de tamaño y se mineralizan.
- Desplazamiento: avanzan progresivamente hacia el borde de la mandíbula.
- Reemplazo: cuando un diente viejo se desprende, otro ocupa su posición.
Según el Smithsonian, un tiburón puede sustituir miles de dientes durante su existencia, y algunas estimaciones alcanzan alrededor de 30.000 piezas a lo largo de toda la vida.
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¿Por qué el tiburón necesita tantos dientes nuevos?
La respuesta está relacionada con su forma de alimentarse.
Los dientes soportan fuerzas importantes cuando el animal captura una presa. Pueden desgastarse, perder filo o desprenderse. Renovarlos constantemente permite mantener una dentadura eficaz sin depender durante años de las mismas piezas.
Además, no existe un único “diente de tiburón”. Su forma varía enormemente según la alimentación.
El Smithsonian explica que los dientes planos son adecuados para triturar presas duras; los largos y puntiagudos permiten sujetar animales resbaladizos; y los dientes con bordes aserrados son especialmente eficaces para cortar y desgarrar.
Por eso, la dentadura de un gran tiburón blanco no se parece a la de todas las demás especies.
Sus dientes también cuentan la historia de los tiburones

La renovación constante tiene una consecuencia extraordinaria para la paleontología. Los tiburones tienen un esqueleto formado principalmente por cartílago, un material que se conserva con mucha más dificultad que el hueso. Sus dientes mineralizados, en cambio, pueden fosilizarse.
Como los producen y pierden en enormes cantidades, se encuentran dientes de tiburones que vivieron hace millones de años. El Smithsonian señala que los fósiles dentales permiten estudiar la evolución del grupo y que los primeros tiburones aparecieron hace más de 400 millones de años, mucho antes que los dinosaurios.
Así, cada diente perdido cumple dos historias diferentes. Para el tiburón, significa que otra pieza avanzará para reemplazarlo. Para los científicos, un diente que queda enterrado puede transformarse, millones de años después, en una pista sobre los océanos del pasado.
