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¿Cómo pueden los loros imitar la voz humana?

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No necesitan cuerdas vocales para imitar nuestras palabras. Los loros producen sonidos con la siringe y utilizan la lengua, el pico y un cerebro especializado para modificarlos y aprender nuevas vocalizaciones.
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Un loro escucha a una persona decir “hola” y, después de repetir el sonido varias veces, consigue producir algo sorprendentemente parecido. La escena resulta tan familiar que solemos decir que los loros “hablan”. Pero ¿cómo pueden copiar nuestra voz si su anatomía es tan distinta de la humana?

La respuesta no está en una única característica. Estas aves reúnen un aparato vocal capaz de producir y modificar una enorme variedad de sonidos y, al mismo tiempo, tienen una extraordinaria capacidad de aprendizaje vocal. Es decir, pueden escuchar un sonido, memorizar algunas de sus características e intentar reproducirlo.

Esta habilidad es poco común entre los animales. Entre las aves, el aprendizaje vocal complejo aparece principalmente en loros, aves cantoras y colibríes. Los loros, además, son considerados unos de los imitadores vocales más avanzados entre los animales no humanos.

¿Cómo producen sonidos los loros?

Animal.

Los seres humanos generamos la voz mediante las cuerdas vocales de la laringe. Las aves utilizan otro órgano: la siringe, situada cerca de la zona donde la tráquea se divide hacia los pulmones.

Cuando el aire pasa por ella, sus tejidos vibran y generan sonidos. Pero esa es solamente la primera parte del proceso. Después, los loros pueden modificar el sonido mediante movimientos de distintas estructuras de su aparato vocal.

Los estudios realizados con cotorras muestran que intervienen especialmente:

  • La siringe, que produce el sonido inicial;
  • La lengua, gruesa, carnosa y muy móvil;
  • El pico, cuya apertura modifica las características acústicas;
  • La tráquea, que también puede cambiar de longitud durante algunas vocalizaciones.

La lengua cumple un papel especialmente importante. Un experimento con cotorras argentinas (Myiopsitta monachus) demostró que modificar su posición cambia las frecuencias del sonido que sale del pico. Este mecanismo recuerda, en ciertos aspectos, al modo en que las personas utilizamos nuestra lengua para articular diferentes sonidos del habla.

¿Qué tiene de especial el cerebro de los loros?

Tener un aparato vocal flexible no alcanzaría si el animal no pudiera aprender qué sonido debe producir. Y aquí aparece otra pieza fundamental.

Un estudio publicado en 2015, que analizó distintas especies de loros, encontró una organización cerebral particular relacionada con el aprendizaje vocal. Estas aves tienen regiones llamadas “núcleo” y “concha” —core y shell en inglés— que forman un sistema especializado para controlar las vocalizaciones aprendidas.

El sistema central presenta similitudes con el de otras aves capaces de aprender sonidos, mientras que las regiones exteriores están especialmente desarrolladas en los loros. Los investigadores plantearon que estas diferencias podrían contribuir a explicar sus extraordinarias capacidades de imitación.

Además, el estudio encontró versiones de este sistema en especies pertenecientes a distintas ramas evolutivas del grupo. Eso sugiere que los mecanismos cerebrales vinculados con el aprendizaje vocal comenzaron a desarrollarse en sus antepasados hace al menos 29 millones de años.

¿Por qué los loros imitan nuestras palabras?

Loros en árboles.

En la naturaleza, los loros son animales muy sociales. Las vocalizaciones les permiten mantener contacto con otros integrantes de su grupo, reconocer individuos y ajustar sus propias llamadas durante las interacciones. Algunas especies incluso modifican sus sonidos para hacerlos más parecidos a los de otros miembros de la bandada.

Cuando viven cerca de seres humanos, nuestra voz se convierte en uno de los sonidos sociales que escuchan de manera habitual. Su capacidad de aprendizaje les permite incorporar palabras, silbidos y hasta ruidos cotidianos a su repertorio.

Pero no todos los loros imitan igual. Una investigación publicada en 2022 reunió información sobre 877 individuos de 73 especies y encontró enormes diferencias. Los loros grises africanos destacaron por sus amplios repertorios: algunos ejemplares habían aprendido centenares de sonidos y palabras.

Imitar una palabra, sin embargo, no significa necesariamente comprender el lenguaje como una persona. Aun así, el mismo estudio registró que muchos ejemplares utilizaban sonidos aprendidos en contextos humanos apropiados y algunos reorganizaban elementos para generar combinaciones nuevas.

Por eso, cuando un loro reproduce una voz humana, detrás de ese aparente “hola” hay mucho más que una simple repetición: actúan millones de años de evolución, un aparato vocal extremadamente flexible y uno de los sistemas de aprendizaje de sonidos más sorprendentes del reino animal.

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