Las flores parecen estructuras inmóviles, pero basta observar algunas durante varias horas para descubrir que pueden cambiar bastante. Una gazania completamente abierta bajo el Sol puede cerrar sus pétalos al atardecer y recuperarlos a la mañana siguiente.
Este comportamiento forma parte de los llamados movimientos nictinásticos, cambios que se repiten siguiendo la llegada del día y de la noche. El fenómeno está extendido entre distintos grupos de plantas y puede depender de señales como la intensidad de la luz, la temperatura y la humedad, combinadas en algunas especies con ritmos internos de aproximadamente 24 horas.
¿Por qué algunas flores saben que llegó la noche?

Las plantas pueden detectar los cambios que se producen a su alrededor. Cuando disminuye la luz al final de la tarde o baja la temperatura, determinadas especies responden modificando la posición de sus pétalos.
Sin embargo, no siempre reaccionan únicamente a lo que está ocurriendo en ese instante. Los estudios sobre apertura floral muestran que la luz y la temperatura también interactúan con relojes circadianos internos, capaces de organizar actividades de la planta según un ciclo diario.
Es algo parecido —aunque no idéntico— al reloj biológico de los animales. Gracias a este sistema, ciertos procesos pueden anticiparse a los cambios habituales entre el día y la noche.
En algunas flores nocturnas ocurre justamente el patrón contrario. Una investigación con una especie del género Silene comprobó que sus pétalos se abrían por la noche y permanecían desplegados hasta el amanecer, en sintonía con sus polinizadores nocturnos.
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¿Cómo consiguen las flores abrir y cerrar sus pétalos?
No tienen músculos, pero sus células pueden cambiar de tamaño y producir movimiento.
Una revisión científica publicada en Journal of Experimental Botany explica que la apertura y cierre repetidos pueden producirse por diferencias en el crecimiento de distintas caras del pétalo o por cambios en la cantidad de agua dentro de las células, que modifican su presión interna.
Los tulipanes ofrecen un ejemplo llamativo. Sus pétalos responden fuertemente a la temperatura: al calentarse, las células de una cara crecen más rápidamente y la flor se abre; cuando baja la temperatura, cambia el crecimiento relativo de las dos caras y los pétalos vuelven a cerrarse.
El movimiento puede tardar desde varios minutos hasta horas, según la especie y las condiciones ambientales.
¿Qué flores se cierran durante la noche?

No existe un único grupo que presente este comportamiento. Se encuentra en numerosas familias y en especies muy diferentes entre sí.
Algunos ejemplos conocidos son:
- Gazania: sus llamativas flores suelen cerrarse cuando desaparece la luz intensa.
- Portulaca grandiflora: despliega sus pétalos con buenas condiciones de luz y los pliega cuando esta disminuye.
- Amapola de California: sus flores se cierran durante la noche.
- Tulipán: puede modificar rápidamente la posición de los pétalos ante cambios de temperatura.
Una revisión sobre la relación entre las flores y la temperatura señala que este tipo de apertura y cierre aparece en familias tan diferentes como las asteráceas, rosáceas, geraniáceas y ranunculáceas, entre otras.
¿Cerrar las flores sirve para protegerlas?
Probablemente pueda aportar ventajas en algunas especies, pero no hay una única función demostrada para todas.
Se han propuesto distintas explicaciones: conservar una temperatura más favorable, reducir la exposición de las estructuras reproductivas a determinadas condiciones ambientales o coordinar la apertura con los horarios en que aparecen sus principales polinizadores. Sin embargo, los especialistas advierten que la función exacta varía según la especie y que algunas hipótesis todavía necesitan más investigación.
Esto ayuda a entender por qué no todas siguen el mismo horario. Para una planta polinizada durante el día puede resultar conveniente mantener sus pétalos abiertos bajo el Sol. En cambio, una especie visitada por polillas u otros animales nocturnos puede desplegar sus flores justamente después del atardecer.
Por eso, cuando algunas flores se cierran al caer la noche, no están simplemente “durmiendo”. Estamos observando la respuesta visible de un organismo que mide la luz y la temperatura, regula el movimiento de sus células y sigue un ritmo diario ajustado a las condiciones de su ambiente.
