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¿Cómo se orientan las abejas para encontrar flores?

Las abejas no buscan flores al azar: combinan sentidos, memoria y una sorprendente danza que indica dónde está el alimento.
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Entender cómo se orientan las abejas permite descubrir uno de los comportamientos más sorprendentes del mundo natural. Estos insectos no vuelan al azar hasta encontrar flores: usan información visual, olores, memoria del paisaje y señales compartidas con otras integrantes de la colmena.

Las flores ofrecen néctar y polen, pero también emiten pistas. Algunas tienen colores, formas, aromas o marcas invisibles para los seres humanos que funcionan como señales para los polinizadores. Las abejas pueden percibir luz ultravioleta y distinguir patrones florales que las ayudan a encontrar alimento con mayor precisión.

Cómo se orientan las abejas con la vista y el olfato

Insectos.

La vista es fundamental durante el vuelo. Las abejas reconocen colores, contrastes, movimientos y formas. También aprenden la ubicación de flores productivas y pueden recordar recorridos para volver a ellas en otros viajes. Ecocolmena explica que la abeja Apis mellifera adapta su visión según la tarea: orientarse en vuelo, reconocer flores o moverse dentro de la oscuridad de la colmena.

El olfato también cumple un papel central. Muchas flores liberan aromas que atraen a los polinizadores, y las abejas pueden asociar esos olores con alimento. Investigaciones de la Universidad de Bristol mostraron que las flores combinan señales visuales y olfativas, y que las abejas pueden aprender patrones mediante un sentido y relacionarlos con otro.

Algunas pistas que usan para encontrar flores son:

  • Colores y contrastes: ayudan a distinguir flores desde cierta distancia.
  • Luz ultravioleta: revela marcas florales que los humanos no vemos.
  • Aromas: permiten reconocer plantas con néctar o polen.
  • Memoria del paisaje: ayuda a repetir rutas exitosas.
  • Posición del Sol: funciona como referencia de orientación.

La danza de las abejas: un mapa dentro de la colmena

Cuando una abeja encuentra una buena fuente de alimento, puede regresar a la colmena y comunicar la ubicación mediante una danza. El zoólogo austríaco Karl von Frisch estudió este comportamiento y recibió un Premio Nobel en 1973 por sus investigaciones sobre la comunicación animal. Desde fines de la década de 1920, Von Frisch mostró que las abejas realizan movimientos especiales para indicar dónde encontrar néctar.

La danza más famosa es la danza del meneo. En ella, la abeja se mueve formando una figura parecida a un ocho y vibra el abdomen en un tramo central. La dirección de ese tramo indica el rumbo de la fuente de alimento en relación con el Sol, mientras que la duración del movimiento aporta información sobre la distancia. Para fuentes cercanas, puede aparecer una danza circular más simple.

¿Las abejas llegan directo a las flores?

Abejas en una flor.

No siempre. La danza orienta a otras abejas, pero al acercarse al lugar indicado también usan olores, colores y exploración local. Estudios con seguimiento por radar confirmaron que las abejas pueden salir en la dirección marcada por la danza y luego buscar el alimento en la zona final del recorrido.

Por eso, encontrar flores es un trabajo combinado. Una abeja observa, huele, recuerda, vuela con referencia al Sol y, si encuentra una fuente valiosa, puede compartir esa información. En una colmena, la búsqueda de alimento no depende solo de cada individuo: también es una forma de cooperación.

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