Los terremotos pueden ocurrir en apenas unos segundos, pero la energía que liberan puede haberse acumulado durante décadas o incluso siglos. La explicación está debajo de nuestros pies, en una Tierra cuya superficie no forma una cubierta rígida de una sola pieza.
La corteza terrestre y la parte superior del manto están divididas en grandes bloques llamados placas tectónicas. Estas se desplazan muy lentamente, chocan, se separan o se deslizan unas junto a otras. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), buena parte de los terremotos ocurre cuando dos sectores de roca quedan trabados por la fricción hasta que la tensión supera su resistencia y se desplazan repentinamente.
¿Cómo se originan los terremotos?

Las placas tectónicas están en movimiento permanente, aunque normalmente avanzan a velocidades tan pequeñas que no podemos percibirlas.
El problema aparece porque sus bordes no son superficies perfectamente lisas. Las rocas presentan irregularidades y la fricción puede mantener trabados dos bloques mientras las fuerzas tectónicas continúan empujándolos. Como consecuencia, las rocas se deforman y acumulan tensión.
El USGS explica que llega un momento en el que esa tensión supera la fricción que mantenía unidos los bloques. Entonces se produce un desplazamiento súbito a lo largo de una fractura conocida como falla. La energía almacenada se libera rápidamente y comienza el terremoto.
Es parecido, de manera simplificada, a doblar lentamente una regla flexible: durante un tiempo almacena energía, pero si se supera determinado límite puede cambiar de posición o romperse de manera brusca.
¿Por qué los terremotos hacen temblar lugares alejados?
La energía liberada en la falla no permanece solamente en el sitio donde comenzó el movimiento. Se propaga hacia distintas direcciones mediante ondas sísmicas.
El USGS compara su expansión con las ondas que aparecen en un estanque cuando arrojamos una piedra. Mientras avanzan a través de la Tierra y por su superficie, hacen vibrar las rocas y, cuando alcanzan las zonas donde vivimos, provocan el movimiento que sentimos durante un sismo.
Para describir un terremoto se utilizan varios conceptos importantes:
- Falla: fractura de la corteza donde dos bloques pueden desplazarse.
- Hipocentro o foco: punto del interior terrestre donde comienza la ruptura.
- Epicentro: punto de la superficie situado directamente encima del hipocentro.
- Ondas sísmicas: vibraciones que transportan la energía liberada.
Existen distintos tipos de ondas. Las llamadas ondas P llegan primero, mientras que las ondas S producen movimientos diferentes y llegan después. También existen ondas que se desplazan por la superficie terrestre y pueden contribuir de manera importante al movimiento del suelo.
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¿Todos los terremotos ocurren en los límites de placas?
La mayoría se concentra cerca de los límites de placas tectónicas, donde existen numerosas fallas y grandes tensiones. Sin embargo, también pueden producirse sismos dentro de una placa.
El USGS señala que el movimiento tectónico es la principal causa de los terremotos más importantes, aunque existen otros procesos capaces de generar actividad sísmica, como ciertas erupciones volcánicas, deslizamientos o, en algunos casos, actividades humanas.
Después de un terremoto importante también suelen registrarse réplicas. Son sismos posteriores que ocurren en la misma región mientras las rocas continúan ajustándose después de la ruptura principal. Pueden prolongarse durante semanas, meses e incluso años, dependiendo del evento.
¿Dónde ocurren más terremotos en Argentina?

Argentina también tiene regiones con actividad sísmica importante.
El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) señala que, al observar la distribución de los epicentros registrados en el país, la mayor parte de la sismicidad se concentra en las regiones del centro-oeste y noroeste argentino.
La explicación está relacionada con la tectónica del borde occidental de Sudamérica, donde interactúan grandes placas. Por eso provincias del oeste argentino tienen un historial sísmico especialmente relevante.
El INPRES también aclara un dato importante: los terremotos no están relacionados con el clima. Ni las lluvias, ni el viento, ni las estaciones del año provocan estos eventos, porque se originan en procesos geológicos del interior terrestre.
Así, aquello que sentimos durante unos pocos segundos puede ser el resultado final de fuerzas que actuaron durante muchísimo tiempo. Los terremotos son una de las demostraciones más claras de que la superficie de nuestro planeta, aunque parezca quieta, está en permanente transformación.
