Un fiordo es una entrada de mar larga, estrecha y generalmente muy profunda, rodeada por laderas abruptas o montañas. Aunque hoy está cubierta por agua, su historia comenzó en tierra firme y bajo una enorme cantidad de hielo.
La clave para entender este paisaje está en los glaciares. Durante las épocas glaciales, grandes masas de hielo avanzaron lentamente por valles montañosos. Su enorme peso y las rocas que transportaban erosionaron el terreno durante miles de años, profundizando y ensanchando los valles. Cuando el clima se volvió más cálido y los glaciares retrocedieron, el mar ocupó muchas de esas depresiones. Así nacieron los fiordos.
¿Cómo se forma un fiordo?

Los glaciares no permanecen inmóviles: fluyen lentamente por efecto de la gravedad. Durante su recorrido pueden arrancar fragmentos de roca y arrastrarlos por el fondo. Esos materiales actúan como una enorme lija natural que desgasta el terreno.
A diferencia de los valles fluviales, que suelen presentar un perfil parecido a una “V”, los valles excavados por glaciares adquieren una característica forma de “U”, con un fondo amplio y paredes empinadas. El hielo puede incluso erosionar sectores situados por debajo del nivel del mar.
El proceso puede resumirse en cuatro etapas:
- Se acumulan nieve y hielo en una región montañosa.
- El glaciar avanza y erosiona el valle mientras transporta rocas y sedimentos.
- El clima se calienta y el glaciar comienza a retirarse.
- El agua del mar invade el valle, que queda transformado en un fiordo.
En la entrada de muchos fiordos también existe un sector menos profundo llamado umbral. Puede deberse a que el glaciar erosionó menos cerca de su desembocadura o a la acumulación de sedimentos y morrenas transportados por el hielo.
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¿Dónde hay fiordos?

Como fueron modelados por grandes glaciares, estos paisajes aparecen principalmente en regiones que estuvieron intensamente cubiertas de hielo. Son famosos los de Noruega, pero también existen en Groenlandia, Islandia, Alaska, Canadá, Nueva Zelanda, Chile y el extremo austral de Argentina.
Nuestro país tiene un ejemplo especialmente interesante: la Isla de los Estados, en Tierra del Fuego. Investigaciones de científicos del CONICET identificaron allí 18 fiordos y señalan que es el único sector de Argentina cuyas costas están mayoritariamente ocupadas por estas formas de origen glaciar.
La palabra “fiordo”, además, procede del noruego fjord, relacionado con el antiguo término nórdico fjǫrðr.
Por eso, contemplar un fiordo es también observar el resultado de una transformación que comenzó mucho antes de que el mar llegara hasta allí: enormes masas de hielo excavaron lentamente la montaña y dejaron preparado el espacio que posteriormente ocuparía el océano.
