Los bosques submarinos parecen paisajes de fantasía, pero existen en muchas costas del mundo. Están formados por algas gigantes conocidas como kelp, que crecen bajo el agua, se elevan hacia la superficie y crean refugios llenos de vida para peces, invertebrados, mamíferos marinos y aves.
Aunque se los llama "bosques", no están formados por árboles. Los bosques submarinos son grandes comunidades de macroalgas pardas o kelp que viven, sobre todo, en aguas frías, claras y ricas en nutrientes. Como las plantas, realizan fotosíntesis; pero las algas tienen una estructura más simple y no poseen raíces, tallos ni hojas verdaderas como las especies terrestres.
¿Cómo se forman los bosques submarinos?
El proceso de formación de un bosque submarino es, en un punto, bastante parecido al de un bosque sobre tierra. Primero, el kelp se fija al fondo rocoso mediante una estructura llamada “grampón” o “disco adhesivo”. Desde allí crece hacia arriba gracias a partes flexibles y, en muchas especies, a pequeñas bolsas llenas de gas que le dan flotabilidad. Así puede acercarse a la luz del Sol, indispensable para fabricar su alimento.

En condiciones favorables, algunas especies crecen a una velocidad sorprendente. El alga gigante Macrocystis pyrifera puede alcanzar hasta 30 metros de largo y, en condiciones ideales, superar los 50 metros.
¿Dónde crecen los bosques submarinos gigantes?
Los bosques de kelp se desarrollan principalmente cerca de las costas, en zonas donde hay fondo rocoso, agua relativamente fría y suficiente luz. Por eso son comunes en regiones templadas y frías del Pacífico, como la costa oeste de América del Norte, sectores de Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica.
En Argentina también existen. A lo largo de la costa atlántica patagónica, especialmente en Santa Cruz y Tierra del Fuego, hay bosques de Macrocystis pyrifera, una macroalga nativa que forma corredores submarinos paralelos a la costa y sostiene una gran biodiversidad.
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¿Sabías que los océanos (y no los bosques) son el principal "pulmón" del planeta Tierra?
Su importancia es tal que la Administración de Parques Nacionales declaró de interés institucional la conservación de Macrocystis pyrifera, también conocida como cachiyuyo, y estableció acciones para promover su investigación, conservación y manejo.
¿Por qué los bosques submarinos ayudan al planeta?

Los bosques submarinos son valiosos porque funcionan como verdaderos refugios de biodiversidad. Sus frondas forman capas, parecidas a los niveles de un bosque terrestre: una zona alta cerca de la superficie, sectores intermedios y una base ubicada sobre el fondo marino.
Esa estructura ofrece alimento, protección y lugares de reproducción para muchísimas especies, entre las que están:
- Peces pequeños que pueden esconderse entre las algas;
- Invertebrados como erizos, estrellas de mar, caracoles y crustáceos que encuentran alimento y refugio;
- Animales más grandes, como lobos marinos o nutrias marinas en otras regiones del mundo, que también se benefician de estos ecosistemas.
Además, ayudan a las costas. Al formar grandes masas bajo el agua, pueden amortiguar parte de la energía de las olas, reciclar nutrientes y mejorar el funcionamiento de los ecosistemas costeros. Por eso también pueden beneficiar a las personas que viven cerca del mar.
¿Qué relación tienen con el carbono azul?

Uno de los motivos por los que estos ambientes generan tanto interés científico es su relación con el carbono azul, es decir, el carbono capturado y almacenado por ecosistemas marinos y costeros.
Al crecer, el kelp toma dióxido de carbono y lo transforma en biomasa. Parte de esa materia puede desprenderse, hundirse y quedar almacenada en el fondo marino. Por eso, aunque los bosques de kelp ocupan una superficie pequeña del océano, pueden tener un papel relevante dentro del carbono azul.
Esto no significa que sean una solución mágica contra el cambio climático. Pero sí muestra que conservarlos puede ayudar a sostener procesos naturales que regulan el planeta.
¿Qué amenazas enfrentan estos bosques submarinos?
A pesar de su tamaño y resistencia, los bosques de kelp son sensibles a los cambios del océano. El aumento de la temperatura del agua, las olas de calor marinas, la contaminación, la pérdida de depredadores y el crecimiento descontrolado de erizos pueden debilitarlos o destruirlos.
Cuando los erizos se multiplican demasiado, pueden consumir grandes cantidades de algas y transformar un bosque submarino en una zona casi pelada, conocida como "desierto de erizos". En ecosistemas equilibrados, depredadores como nutrias marinas o estrellas de mar ayudan a mantener ese balance.
