¿Por qué las pupilas se agrandan y se achican? - Billiken
 

¿Por qué las pupilas se agrandan y se achican?

Dos músculos del iris modifican continuamente el diámetro de las pupilas para controlar cuánta luz entra en los ojos. El proceso ocurre de manera automática y también responde a otros estímulos.
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Pasar de una habitación oscura a pleno sol produce un cambio casi inmediato en nuestros ojos. Las pupilas, que unos segundos antes eran grandes, comienzan a hacerse más pequeñas. Si regresamos a un lugar con poca luz, ocurre lo contrario.

El tamaño de las pupilas cambia automáticamente porque funciona como un sistema de regulación de la cantidad de luz que alcanza la retina. La pupila, en realidad, no es una estructura sólida: es la abertura situada en el centro del iris, la parte coloreada del ojo. Son los músculos del propio iris los que modifican su diámetro.

¿Cómo cambia el tamaño de las pupilas con la luz?

Vista.

Cuando hay mucha iluminación, la pupila se contrae. Ese fenómeno recibe el nombre de miosis y reduce la cantidad de luz que entra en el ojo.

En condiciones oscuras sucede lo contrario: la pupila se dilata para dejar pasar más luz. Esta expansión se denomina midriasis.

El proceso ocurre gracias a dos músculos del iris que trabajan de manera opuesta:

  • Esfínter de la pupila: sus fibras rodean la abertura y, cuando se contraen, la hacen más pequeña.
  • Músculo dilatador: posee fibras dispuestas radialmente y aumenta el diámetro de la pupila.
  • Sistema nervioso autónomo: controla ambos músculos sin que tengamos que decidir conscientemente cuándo utilizarlos.

Por eso no podemos mantener voluntariamente las pupilas abiertas o cerradas como hacemos con los párpados.

El reflejo que regula el tamaño de las pupilas

Ojos y pupilas.

La respuesta a la luz se conoce como reflejo fotomotor o reflejo pupilar a la luz.

Cuando la luz llega a la retina, se genera una señal nerviosa que viaja por el nervio óptico hacia determinadas regiones del cerebro. Desde allí se envían instrucciones a los músculos del iris para que la pupila se contraiga. Todo ocurre de forma automática y extremadamente rápida.

Existe además una curiosidad: si iluminamos solamente un ojo, normalmente se contraen las dos pupilas. Se habla de una respuesta directa en el ojo iluminado y de una respuesta consensual en el otro. Esto sucede porque las vías nerviosas encargadas del reflejo distribuyen la señal hacia ambos lados del cerebro.

El mecanismo permite ajustar constantemente la entrada de luz y contribuye a optimizar la visión en ambientes muy diferentes.

¿El tamaño de las pupilas cambia únicamente por la iluminación?

No. Aunque la luz es uno de los estímulos más importantes, existen otras situaciones capaces de modificar su diámetro.

Las pupilas también pueden variar cuando enfocamos objetos cercanos, cuando cambia la actividad del sistema nervioso autónomo o frente a determinados estados de alerta y excitación. Auckland Eye señala que el esfuerzo mental, ciertos estímulos emocionales y algunos medicamentos también pueden producir modificaciones.

Por ejemplo, al mirar un objeto cercano ocurre una respuesta denominada reflejo de acomodación, que combina varios cambios: los ojos convergen, el cristalino modifica su forma para enfocar y las pupilas tienden a contraerse.

Algunos medicamentos utilizados por los oftalmólogos aprovechan justamente este sistema. Las conocidas gotas para “dilatar las pupilas” interfieren temporalmente con la acción de los músculos del iris y permiten observar con mayor facilidad el interior del ojo durante un examen.

¿Las dos pupilas siempre tienen exactamente el mismo tamaño?

No necesariamente. Una pequeña diferencia entre ambas puede ser normal.

La Academia Estadounidense de Oftalmología señala que alrededor de una de cada cinco personas presenta de manera natural pupilas ligeramente diferentes, condición conocida como anisocoria fisiológica.

Sin embargo, un cambio repentino o muy marcado puede estar relacionado con lesiones, determinados medicamentos o trastornos del ojo o del sistema nervioso, especialmente si aparece junto con otros síntomas. Los médicos observan por eso el tamaño y la reacción de las pupilas durante muchos exámenes neurológicos y oftalmológicos.

En condiciones normales, ambas responden rápidamente a los cambios de iluminación.

El tamaño de las pupilas, entonces, nunca está completamente fijo. Mientras caminamos de una habitación a otra, miramos una pantalla o enfocamos algo cercano, el iris realiza pequeños ajustes casi constantemente.

Ese círculo negro que parece tan sencillo funciona, en realidad, como una abertura regulable extraordinariamente rápida: se achica cuando sobra luz y se agranda cuando hace falta aprovechar hasta el último rayo disponible.

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