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¿Por qué una ciudad puede inundarse después de apenas unas horas de lluvia?

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Una tormenta no necesita durar varios días para inundar una ciudad. La intensidad de la lluvia, el asfalto, el relieve y la capacidad de los desagües pueden hacer que el agua se acumule en cuestión de minutos.
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Una tormenta puede durar apenas una o dos horas y, aun así, transformar calles en cursos de agua y dejar barrios enteros anegados. Para que una ciudad se inunde no siempre hace falta que llueva durante días: lo decisivo es cuánta agua cae, con qué intensidad y qué ocurre con ella después de tocar el suelo.

En las zonas urbanas, gran parte de la superficie está cubierta por asfalto, hormigón, techos y estacionamientos. Como esos materiales absorben muy poca agua, una lluvia intensa puede generar rápidamente grandes volúmenes de escorrentía que avanzan hacia desagües y sectores bajos.

¿Por qué importa tanto la intensidad de la lluvia?

Naturaleza.

La cantidad total de lluvia suele expresarse en milímetros. Un milímetro equivale a un litro de agua distribuido sobre cada metro cuadrado. Así, una tormenta que deja 50 milímetros descarga el equivalente a 50 litros por metro cuadrado.

Pero no produce el mismo efecto que esos 50 milímetros caigan durante un día entero o en menos de una hora. La intensidad de la precipitación indica cuánta agua cae durante un período determinado.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) explica que las inundaciones repentinas pueden aparecer cuando una lluvia intensa genera escorrentía más rápido de lo que el suelo puede absorberla. En áreas urbanas, algunas inundaciones pluviales pueden comenzar en cuestión de minutos.

¿Qué tienen que ver el asfalto y los edificios?

En un bosque, un campo o un parque, parte del agua se infiltra en el suelo y otra queda retenida por la vegetación. En una ciudad, calles, veredas, estacionamientos, edificios y techos forman superficies impermeables.

El USGS señala que, a medida que aumenta la urbanización, también crece la cantidad de agua que circula por la superficie y la velocidad con la que llega a arroyos, canales y sistemas de drenaje.

En vez de penetrar lentamente en el terreno, el agua corre sobre calles y veredas y tiende a concentrarse por gravedad en las zonas más bajas. Por eso son especialmente vulnerables pasos bajo nivel, túneles, calles deprimidas y sectores cercanos a cursos de agua.

¿Por qué los desagües pueden no dar abasto?

Ciudad bajo inundación.

Las ciudades cuentan con sumideros, conductos y canales diseñados para transportar el agua de lluvia. Sin embargo, todos tienen una capacidad máxima.

Si durante una tormenta entra más agua por minuto de la que el sistema puede evacuar, el excedente comienza a acumularse en la superficie. Además, hojas, residuos y sedimentos pueden bloquear parcialmente los desagües y reducir todavía más su capacidad.

El problema puede agravarse cuando el suelo ya está saturado por lluvias anteriores. En ese caso absorbe menos agua y aumenta la escorrentía. Las pendientes, además, pueden acelerar el flujo hacia determinados barrios.

¿Se pueden reducir las inundaciones urbanas?

No todas las inundaciones pueden evitarse, especialmente frente a lluvias extraordinarias. Pero las ciudades pueden disminuir el riesgo combinando obras de drenaje con espacios capaces de retener o infiltrar agua.

Parques, jardines de lluvia, reservorios, techos verdes y pavimentos permeables permiten que una parte de la precipitación no llegue inmediatamente a los conductos.

También son importantes el mantenimiento de los desagües, los sistemas de alerta temprana y la planificación urbana. En 2026, el USGS destacó el uso de redes de sensores de bajo costo para detectar inundaciones pluviales repentinas y mejorar la respuesta ante tormentas intensas.

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