Una falla activa es una fractura de la corteza terrestre que presenta evidencias de haberse desplazado en tiempos geológicamente recientes y que, por lo tanto, puede volver a hacerlo. Pero que una falla sea activa no significa que vaya a provocar un terremoto mañana, el próximo mes o incluso durante el transcurso de una vida.
Estas estructuras existen en numerosas regiones del planeta y también en Argentina. Algunas pueden acumular tensión durante largos períodos y liberar parte de ella mediante un movimiento repentino capaz de generar un sismo.
¿Qué es exactamente una falla activa?

Una falla geológica es una fractura (o conjunto de fracturas) de las rocas de la corteza terrestre a lo largo de la cual dos bloques se desplazaron uno respecto del otro. Ese movimiento puede ser horizontal, vertical o combinar ambas direcciones.
Las fallas aparecen cuando las fuerzas tectónicas que actúan sobre las rocas terminan superando su resistencia. Si el desplazamiento ocurre de manera brusca, la energía liberada puede propagarse en forma de ondas sísmicas y producir un terremoto.
Pero definir cuándo una falla debe considerarse "activa" es más complejo. No existe una única definición aceptada en todo el mundo. El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) de Argentina señala que puede considerarse activa cuando muestra movimientos históricos (por ejemplo, durante los últimos 10.000 años) o evidencias de movimiento dentro de un período geológico reciente que puede extenderse hasta cientos de miles de años. Una clasificación utilizada internacionalmente distingue, por ejemplo:
- Fallas activas del Holoceno: tuvieron movimiento durante aproximadamente los últimos 10.000 años.
- Fallas activas del Cuaternario tardío: presentan desplazamientos dentro de los últimos 130.000 años.
- Fallas activas del Cuaternario: muestran actividad dentro de una ventana geológica todavía mayor.
Las cifras pueden variar según el organismo y el objetivo del estudio. La idea central, sin embargo, es la misma: si una falla se movió en tiempos geológicamente recientes, existe evidencia de que el proceso tectónico que la produjo puede continuar activo.
¿Cómo saben los científicos que una falla activa puede volver a moverse?

Los terremotos instrumentales solo representan una pequeña parte de la historia de una falla. Los sismógrafos modernos existen desde hace poco más de un siglo, mientras que algunas estructuras tectónicas acumulan una historia de miles o millones de años.
Para investigar ese pasado existe una disciplina llamada paleosismología, que estudia los terremotos antiguos mediante las marcas que dejaron en el terreno.
Una de sus técnicas más llamativas consiste en excavar trincheras transversalmente a una falla. Allí, los geólogos pueden observar las diferentes capas de sedimentos que se acumularon a lo largo del tiempo. Si un antiguo terremoto rompió la superficie, esas capas pueden aparecer cortadas o desplazadas.
Después del sismo pueden depositarse nuevos sedimentos sobre la deformación. Mediante técnicas como la datación por radiocarbono, los investigadores determinan la edad de las capas anteriores y posteriores al desplazamiento y acotan cuándo ocurrió aquel terremoto.
Así pueden reconstruir una especie de archivo subterráneo de terremotos. Pero esas no son las únicas técnicas, ya que los científicos también utilizan:
- Imágenes aéreas y satelitales para localizar formas del relieve desplazadas;
- Sistemas de escaneo láser para detectar deformaciones difíciles de observar a simple vista;
- GPS de alta precisión, capaz de registrar movimientos lentísimos de la corteza;
- Registros históricos de terremotos;
- Redes de sismómetros que permiten localizar los movimientos actuales.
Al combinar todas estas herramientas, pueden averiguar aproximadamente cuánto se desplazó una falla, cuándo ocurrió su último gran movimiento y cómo se deforma actualmente la región.
¿Hay fallas activas en Argentina?
La actividad sísmica argentina se concentra especialmente en el oeste y noroeste del territorio, una región influida por la subducción de la placa de Nazca debajo de la placa Sudamericana. Por lo tanto, sí, hay fallas activas en el país.
Fueron identificadas en provincias como Salta, Mendoza, Catamarca, La Rioja y Córdoba, entre otras regiones del país. Si bien no significa que vayan a producir terremotos en un futuro próximo, su ubicación es importante para poder planificar el crecimiento urbano y diseñar construcciones capaces de resistir movimientos intensos.

