Una semilla puede germinar enterrada y en completa oscuridad. Aun así, el tallo suele dirigirse hacia arriba mientras la raíz comienza a internarse en el suelo. ¿Cómo distingue la planta una dirección de la otra?
El crecimiento de las raíces no ocurre al azar. Estos órganos reaccionan a señales ambientales mediante respuestas conocidas como tropismos. La gravedad es una de las más importantes, pero también intervienen la humedad, la disponibilidad de nutrientes, el oxígeno e incluso los obstáculos que encuentran mientras avanzan.
La gravedad guía el crecimiento de las raíces

En la mayoría de las plantas, la raíz principal presenta gravitropismo positivo: tiende a crecer en la dirección de la gravedad.
La clave está cerca de su punta, en la llamada cofia o caliptra. Allí existen células especializadas que contienen amiloplastos, pequeños compartimentos llenos de almidón que funcionan como una especie de sensor interno. Al ser relativamente densos, se desplazan hacia la parte inferior de la célula cuando cambia la orientación de la raíz.
Ese movimiento inicia una serie de señales que modifica la distribución de auxina, una hormona vegetal fundamental para el crecimiento. La concentración desigual provoca que las células de un lado se alarguen de manera diferente a las del otro y, finalmente, la raíz se curva.
El proceso puede resumirse en cuatro pasos:
- La raíz cambia de orientación respecto de la gravedad.
- Los amiloplastos sedimentan hacia el lado inferior.
- La auxina se redistribuye dentro de los tejidos.
- Las células crecen de manera desigual y la raíz cambia su dirección.
El crecimiento de las raíces también responde al agua
La gravedad no es la única brújula subterránea. Algunas raíces pueden orientar su crecimiento frente a diferencias en la disponibilidad de agua, una respuesta denominada hidrotropismo.
Los estudios realizados con Arabidopsis thaliana identificaron genes como MIZ1 y MIZ2 entre los elementos necesarios para esta respuesta. También intervienen señales hormonales como el ácido abscísico. Sin embargo, el mecanismo puede variar entre especies y debe actuar al mismo tiempo que otras respuestas, especialmente el gravitropismo.
El suelo, además, dista mucho de ser uniforme. Puede contener sectores secos y húmedos, piedras, capas compactas, distintos niveles de oxígeno y concentraciones desiguales de nutrientes. Por eso las raíces modifican su profundidad, ramificación y ángulo a medida que exploran el terreno.
Un hallazgo de 2026 sobre la gravedad y las raíces
Una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences en julio de 2026 reveló un detalle sorprendente: para algunas raíces laterales no solo importa detectar la gravedad, sino el momento del desarrollo en que comienzan a hacerlo.
El trabajo identificó al gen SHOOT GRAVITROPISM 9 (SGR9) como una pieza fundamental. Cuando este gen no funciona correctamente, los amiloplastos tardan más en sedimentar y también se retrasa la distribución asimétrica de auxina vinculada con la proteína PIN3. Como consecuencia, la raíz lateral termina creciendo con un ángulo inicial diferente.
Los investigadores concluyeron que existe una ventana breve durante el desarrollo en la que la raíz establece parte de su orientación futura. Esa inclinación es importante porque determina qué zonas del suelo podrá explorar en busca de agua y nutrientes.
Las raíces pueden explorar lugares inesperados

Otro estudio, publicado en Nature Communications en 2025, analizó raíces finas hasta dos metros de profundidad en 44 sitios de América del Norte. En aproximadamente el 20% encontró algo inesperado: además de la concentración habitual cerca de la superficie, aparecía un segundo pico de raíces a mayor profundidad.
En todos esos casos, el segundo grupo se encontraba por debajo de los 60 centímetros y algunos superaban el metro. Esas zonas profundas también presentaban concentraciones relativamente altas de nitrógeno. El estudio no demuestra que las raíces hayan “seguido” directamente ese nutriente, pero sí confirma que los sistemas radiculares pueden organizarse de formas mucho más flexibles de lo que se pensaba.
Así, preguntarse cómo saben las raíces hacia dónde crecer no tiene una única respuesta. No piensan ni eligen como un animal: sus células perciben estímulos y modifican el crecimiento. Bajo tierra, cada planta construye su propio mapa mientras combina la gravedad con el agua y las condiciones cambiantes del suelo.

