¿Qué es una corriente oceánica y por qué puede recorrer miles de kilómetros? - Billiken
 

¿Qué es una corriente oceánica y por qué puede recorrer miles de kilómetros?

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Los océanos están atravesados por enormes corrientes superficiales y profundas que transportan agua, calor y nutrientes a través de miles de kilómetros.
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Aunque desde una playa el océano pueda parecer una enorme masa de agua que simplemente va y viene con las olas, en realidad está atravesado por verdaderos “ríos” marinos. Una corriente oceánica es un movimiento continuo y relativamente organizado de agua que puede desplazarse durante miles de kilómetros.

Algunas circulan cerca de la superficie y están impulsadas principalmente por los vientos. Otras recorren las profundidades debido a diferencias de densidad relacionadas con la temperatura y la cantidad de sal. Juntas forman un complejo sistema que transporta calor, nutrientes y organismos alrededor del planeta.

¿Qué pone en movimiento una corriente oceánica?

Naturaleza.

No existe un único motor. En la superficie, los vientos dominantes arrastran el agua y pueden mantener enormes flujos a través de las cuencas oceánicas. NOAA explica que, en mar abierto, estos vientos impulsan corrientes capaces de recorrer miles de kilómetros.

Pero el agua no avanza simplemente en la misma dirección que el viento. Como la Tierra gira, aparece el efecto Coriolis, que desvía los movimientos hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el hemisferio sur. Esa desviación contribuye a formar grandes sistemas circulares llamados giros oceánicos.

Entre los factores principales están:

  • Los vientos, que impulsan especialmente las corrientes superficiales.
  • La rotación terrestre, que modifica su trayectoria mediante el efecto Coriolis.
  • La forma de los continentes, que obliga al agua a desviarse y canalizarse.
  • La temperatura y la salinidad, que modifican la densidad del agua y ayudan a generar movimientos profundos.

Por eso, una corriente puede conservar una dirección general durante distancias enormes sin necesitar un “canal” como el de un río.

¿Qué tienen que ver la temperatura y la salinidad?

El agua fría suele ser más densa que la caliente. Y, a igual temperatura, el agua con mayor concentración de sal también es más densa.

En regiones polares, el océano puede enfriarse mucho. Cuando además se forma hielo marino, buena parte de la sal queda en el agua líquida circundante, que se vuelve todavía más salada y densa. Esa masa puede hundirse y comenzar un lento recorrido por las profundidades.

Este mecanismo forma parte de la llamada circulación termohalina: termo hace referencia a la temperatura y halina, a la salinidad. A diferencia de muchas corrientes superficiales, estos movimientos profundos son mucho más lentos y pueden conectar los océanos Atlántico, Índico, Pacífico y Austral a escalas de siglos.

A veces se representa este sistema como una “cinta transportadora global”. Es una imagen útil para comprender la conexión entre distintas regiones, aunque la circulación real es una red mucho más compleja.

¿Cómo puede una corriente oceánica recorrer miles de kilómetros?

Mar y sus corriente oceánica.

La clave está en que las fuerzas que la impulsan tampoco actúan durante unos pocos metros. Los grandes cinturones de viento cubren regiones enteras del planeta y las diferencias de densidad mueven agua a escalas oceánicas.

Los continentes ayudan además a organizar esos flujos. El agua que atraviesa una cuenca termina encontrando una costa y se desvía, formando grandes corrientes de borde. Así aparecen sistemas como la Corriente del Golfo en el Atlántico Norte o la corriente de Brasil en el Atlántico Sur.

Frente a Argentina también se encuentran masas de agua con características muy diferentes: desde el norte llega la cálida corriente de Brasil, mientras desde latitudes australes avanza la fría corriente de Malvinas. Estos sistemas forman parte de la circulación del Atlántico Sur y ayudan a distribuir calor y nutrientes.

¿Por qué las corrientes oceánicas son tan importantes?

Estas gigantescas rutas de agua participan en la regulación del clima terrestre. NOAA señala que transportan agua cálida desde regiones ecuatoriales hacia latitudes más altas y devuelven agua fría hacia otras zonas, redistribuyendo parte de la energía del planeta.

También influyen sobre:

  • La temperatura de numerosas costas;
  • El transporte de nutrientes;
  • La productividad de los ecosistemas marinos;
  • Las rutas de organismos y larvas;
  • La navegación humana.

Un ejemplo clásico es la Corriente del Golfo, que transporta agua cálida hacia el Atlántico Norte y contribuye al intercambio de calor entre el océano y la atmósfera.

Una corriente oceánica, entonces, es mucho más que agua desplazándose de un lugar a otro. Forma parte de un enorme sistema planetario en el que viento, gravedad, densidad y rotación terrestre mantienen al océano en movimiento permanente.

Aunque no podamos verla desde la costa, debajo de las olas el agua está realizando viajes que pueden extenderse durante miles de kilómetros y, en las profundidades, incluso durante siglos.

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