La corteza es una de las partes más visibles de un árbol, pero también una de las más complejas. Puede ser lisa, escamosa, agrietada, fina o muy gruesa según la especie y la edad. Aunque muchas veces la imaginamos como una cubierta inerte, en realidad el término reúne distintos tejidos situados por fuera de la madera.
Según la Universidad de Melbourne, la palabra “corteza” no designa una única capa. Incluye tejidos como el corcho y el cambium suberoso, además de tejidos internos asociados al floema. La parte externa funciona como barrera protectora, mientras que la interna participa en el transporte de azúcares producidos en las hojas.
¿Cómo está formada la corteza de un árbol?

Si pudiéramos observar un tronco en corte transversal, encontraríamos varias capas. La corteza externa contiene tejidos que, en buena medida, ya no están vivos y que pueden acumularse a medida que el árbol aumenta de diámetro.
Debajo se encuentra la corteza interna, donde está el floema. Este tejido transporta azúcares y otras sustancias desde las hojas hacia raíces, brotes y otras zonas. Más hacia adentro aparece el cambium vascular, una fina capa de células que marca el límite interno de la corteza y produce nuevo floema hacia afuera y nuevo xilema —la madera— hacia adentro.
Entre las principales capas y tejidos relacionados pueden distinguirse:
- La corteza externa, que actúa como escudo frente al ambiente;
- La corteza interna o floema, que transporta azúcares;
- El cambium suberoso, que genera células protectoras de corcho;
- El cambium vascular, situado entre la corteza y la madera y responsable de producir nuevos tejidos de conducción.
¿De qué peligros protege la corteza?
Su función más evidente es la defensa. El Servicio Forestal de Estados Unidos explica que la corteza externa brinda protección mecánica a tejidos más blandos y ayuda a limitar la pérdida de agua por evaporación.
También dificulta la entrada de algunos insectos, hongos y otros organismos capaces de afectar las capas vivas. La Universidad de Melbourne señala que la peridermis protege contra plagas, patógenos, daños mecánicos y desecación.
El corcho resulta especialmente útil porque sus tejidos reducen el paso del agua. Así, el exterior del tronco funciona como una barrera que ayuda a conservar la humedad interna.
La corteza también puede ofrecer aislamiento térmico. En especies con capas gruesas, el calor tarda más en alcanzar el cambium y otros tejidos vivos. El Servicio Forestal estadounidense destaca que la corteza es mala conductora del calor y que un mayor espesor puede aumentar la protección frente a incendios.
¿Por qué la corteza se agrieta cuando el árbol crece?

La madera y los tejidos internos aumentan de diámetro año tras año. Pero la cubierta exterior no siempre puede estirarse al mismo ritmo. Por eso aparecen grietas, placas, surcos y escamas características.
Cada especie desarrolla un patrón distinto. Algunos árboles conservan superficies relativamente lisas durante mucho tiempo; otros forman capas gruesas y profundamente agrietadas. Esas diferencias dependen de cómo se producen y desprenden los tejidos externos.
La corteza, además, no es una armadura perfecta. Una herida profunda que atraviesa la cubierta y daña el cambium puede interrumpir la formación de nuevos tejidos. Si el daño rodea todo el tronco, también puede cortar el transporte de azúcares por el floema y comprometer seriamente al árbol.
¿Todos los árboles tienen la misma corteza?
No. Su grosor, textura y composición varían enormemente. Algunos árboles que viven en ambientes con incendios frecuentes desarrollan cortezas muy gruesas, mientras que otras especies tienen cubiertas finas y son más sensibles al calor.
La corteza también puede cambiar con la edad. En los ejemplares jóvenes suele ser más fina y lisa; a medida que el tronco crece y produce nuevas capas protectoras, puede volverse más gruesa y rugosa.
Por eso, aquello que vemos desde afuera no es simplemente una superficie decorativa. La corteza es una combinación de tejidos que protege, aísla y colabora con el transporte interno del árbol. Detrás de cada grieta y cada placa se encuentra una barrera construida continuamente mientras el tronco crece.

