Entrar en una cueva y encontrar varios murciélagos colgados cabeza abajo puede generar una pregunta inmediata: ¿cómo pueden dormir así sin cansarse ni caerse? La respuesta está en una combinación de anatomía, gravedad y adaptación al vuelo.
Los murciélagos son los únicos mamíferos capaces de realizar vuelo activo, es decir, impulsarse batiendo sus propias alas. Sus extremidades anteriores evolucionaron hasta formar alas sostenidas por dedos extraordinariamente alargados, mientras que las patas traseras adquirieron características muy distintas a las nuestras.
Colgarse boca abajo les permite utilizar lugares elevados y protegidos para descansar y, además, comenzar el vuelo con rapidez cuando necesitan salir a buscar alimento o escapar de un peligro.
¿Cómo hacen los murciélagos para no caerse mientras duermen?

Si una persona intentara permanecer horas sujetada de una barra, sus músculos se cansarían rápidamente. En los murciélagos ocurre prácticamente lo contrario.
Sus patas tienen tendones y ligamentos especializados que permiten mantener los dedos cerrados alrededor de una superficie sin realizar un esfuerzo muscular constante. Cuando el animal se posa y engancha sus garras, el propio peso de su cuerpo ayuda a mantener el mecanismo bloqueado.
Existe incluso un mecanismo parecido a un pequeño trinquete en las estructuras que rodean los tendones: ayuda a mantenerlos fijados mientras el murciélago está suspendido. Para abandonar la posición, debe activar sus músculos y abrir los dedos.
Entre las adaptaciones que favorecen esta postura aparecen:
- Garras curvas y fuertes, capaces de sujetarse a rocas, ramas y otras superficies;
- Tendones que pueden quedar fijados, reduciendo el esfuerzo necesario;
- Patas adaptadas al vuelo y al agarre, más que a permanecer erguidas como las nuestras;
- Una posición elevada que les permite soltarse y ganar velocidad rápidamente al despegar.
¿Por qué dormir cabeza abajo ayuda a los murciélagos a volar?
El despegue es otra pieza importante de esta historia.
A diferencia de las aves, muchos murciélagos no están especializados en impulsarse desde el suelo mediante un salto poderoso. Sus patas son relativamente livianas y están adaptadas a su particular forma de locomoción. Colgarse en altura les permite aprovechar la gravedad: cuando quieren salir, abren las garras, caen una pequeña distancia y despliegan las alas.
Eso no significa que ningún murciélago pueda despegar desde el suelo. Existen especies capaces de hacerlo. Pero comenzar suspendidos resulta muy eficiente porque ya se encuentran en una posición desde la cual pueden quedar rápidamente en el aire.
Esta ventaja puede ser especialmente importante si aparece un depredador. En lugar de tener que correr y ganar velocidad, el animal solo necesita soltarse.
¿Dónde duermen los murciélagos?
Los lugares donde descansan reciben el nombre de refugios o dormideros. Dependiendo de la especie, pueden instalarse en cuevas, huecos de árboles, grietas, debajo de puentes o en construcciones humanas.
Elegir sitios elevados también ayuda a mantenerlos alejados de muchos depredadores terrestres. Las cuevas, árboles huecos y otras estructuras protegidas ofrecen simultáneamente refugio y una buena posición para iniciar el vuelo.
Además, algunas especies forman grandes colonias. En esos casos, cientos o miles de individuos pueden compartir un mismo refugio y permanecer suspendidos juntos durante las horas de descanso.
¿No les llega toda la sangre a la cabeza?

En una persona, pasar demasiado tiempo cabeza abajo puede resultar incómodo porque la gravedad modifica la distribución de la sangre. Pero los murciélagos son muchísimo más pequeños.
Bat Conservation International explica que, debido al reducido tamaño de su cuerpo, la gravedad no produce el mismo efecto circulatorio que experimentaría un ser humano adulto colgado boca abajo.
Su particular postura, entonces, no es una acrobacia que soportan con esfuerzo. Es justamente al revés: millones de años de evolución convirtieron esa posición en una forma cómoda y eficiente de descansar.
Por eso, cuando un murciélago duerme suspendido del techo de una cueva, sus patas realizan mucho menos trabajo de lo que parece. Y cuando llega el momento de despertar, basta con abrir las garras, dejar que la gravedad haga su parte y desplegar las alas.

