El laurel aparece en escudos, medallas y expresiones vinculadas con la gloria. Esta asociación nació hace miles de años, cuando griegos y romanos comenzaron a utilizar sus hojas para distinguir a quienes alcanzaban una victoria, demostraban valentía o sobresalían en las artes.
Aunque hoy también es conocido como una planta aromática de cocina, en la Antigüedad tuvo un fuerte valor religioso y ceremonial. Además, su follaje siempre verde ayudó a convertirlo en una imagen de permanencia, prestigio y reconocimiento. La planta es originaria del este del Mediterráneo y de Asia Menor, desde donde se extendió hacia otras regiones.
El laurel y el mito de Apolo y Dafne

Una de las explicaciones más conocidas proviene de la mitología griega. Según el relato difundido por el poeta romano Ovidio, el dios Apolo se enamoró de la ninfa Dafne. Cuando ella pidió ayuda para escapar, fue transformada en un árbol de laurel. Apolo decidió entonces convertirlo en su planta sagrada y utilizar sus ramas como corona.
A partir de ese vínculo, el laurel quedó relacionado con Apolo, dios asociado con la música, la poesía y otras artes. Por eso, las coronas también se entregaron a poetas y personas destacadas por su talento.
En el mundo antiguo, distintas coronas vegetales señalaban honores especiales. Entre sus usos más recordados se encuentran:
- En Grecia, reconocían a deportistas y poetas.
- En Roma, coronaban a generales que regresaban victoriosos.
- Durante el Imperio romano, también fueron atributos de emperadores.
- Con el tiempo, algunas coronas de ramas fueron reemplazadas por versiones de oro.
La llamada corona triunfal estaba formada originalmente por ramas y hojas, aunque luego también se fabricó con materiales más valiosos.
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¿Cómo se convirtió el laurel en símbolo del triunfo?
Los romanos reforzaron la relación entre el laurel y el triunfo mediante las ceremonias dedicadas a los comandantes victoriosos. De allí surgieron palabras como “laureado”, que todavía se utiliza para nombrar a una persona premiada o reconocida por un logro importante.
La imagen sobrevivió a la caída del Imperio romano y reapareció durante siglos en pinturas, esculturas, edificios, monedas y medallas. En la actualidad, las ramas entrelazadas continúan presentes en insignias, emblemas institucionales, premios académicos y diseños relacionados con la excelencia.
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El laurel en el Escudo y el Himno argentino

En la Argentina, el símbolo puede verse con claridad en el Escudo Nacional. Dos ramas rodean el óvalo y representan la victoria, el triunfo y las glorias alcanzadas en los campos de batalla, según explica el sitio oficial del Estado argentino.
El Himno Nacional también conserva esta antigua imagen en su coro, cuando expresa “sean eternos los laureles”. En ese contexto, los laureles no son solamente hojas: representan las victorias obtenidas y el deseo de que su recuerdo perdure.
Así, una planta de la región mediterránea atravesó mitos, ceremonias y épocas hasta convertirse en un símbolo universal. Cada vez que aparece en un escudo, una medalla o la palabra “laureado”, el laurel vuelve a comunicar una idea nacida en la Antigüedad: la del triunfo que merece ser recordado.