Los puntos cubrieron sus cuadros, esculturas, vestidos, calabazas y hasta habitaciones enteras. Para Yayoi Kusama no eran un simple recurso decorativo: nacieron de experiencias visuales de su infancia y terminaron convirtiéndose en una forma de representar el infinito.
Una habitación completamente blanca empieza a llenarse de pequeños círculos de colores. Primero aparecen sobre una mesa. Después cubren las paredes, el piso, los muebles y hasta a las personas que entran. Al cabo de un tiempo, resulta difícil distinguir dónde termina un objeto y empieza otro.
Ese tipo de experiencia resume buena parte del universo artístico de Yayoi Kusama, una de las artistas japonesas más reconocidas de los siglos XX y XXI.
Kusama, que murió en Tokio el 14 de agosto de 2026 a los 97 años, trabajó durante décadas con pinturas, esculturas, instalaciones, performances y literatura. Pero, entre todas esas formas de expresión, hubo un elemento que se volvió inseparable de su nombre: los lunares o puntos repetidos hasta el infinito. Su museo anunció oficialmente su fallecimiento el 27 de agosto y destacó que continuó pintando hasta sus últimos días.
Yayoi Kusama y los lunares que comenzaron en su infancia

La explicación se remonta a cuando Kusama era una niña.
Nació en 1929 en Matsumoto, Japón, y comenzó a dibujar desde pequeña. Según su biografía oficial, durante la infancia experimentaba visiones en las que aparecían puntos, flores y redes que parecían multiplicarse y extenderse sobre todo lo que la rodeaba. Esas imágenes dieron origen a algunos de sus primeros dibujos con lunares y entramados repetitivos.
El Hirshhorn Museum del Smithsonian recoge uno de los recuerdos relatados por la propia artista: después de mirar el estampado de flores de un mantel, Kusama percibió que ese mismo patrón parecía extenderse por la habitación, su propio cuerpo y el espacio que la rodeaba.
En vez de alejar esas imágenes de su trabajo, decidió transformarlas en arte.
Por eso los puntos de Kusama no surgieron simplemente porque le gustara una determinada decoración. Se convirtieron en una manera de representar visualmente experiencias que la acompañaban desde muy joven.
¿Qué significaban los puntos para Yayoi Kusama?
Con el tiempo, los lunares adquirieron además un significado mucho más amplio.
Kusama los relacionaba con la idea de que cada persona es apenas una pequeña parte de algo inmensamente mayor. Para ella, un punto podía recordar al Sol, la Luna, un planeta o una partícula dentro del universo.
El Smithsonian resume esa idea con una expresión que la artista utilizaba frecuentemente: los puntos eran para ella “una vía hacia el infinito”.
Por eso podía cubrir con ellos:
- grandes lienzos;
- cuerpos humanos;
- muebles;
- paredes y techos;
- enormes calabazas;
- esculturas;
- ropa;
- habitaciones completas.
Cuando todos los objetos reciben el mismo patrón, sus límites visuales empiezan a desaparecer. El espectador deja de observar simplemente un cuadro colgado en una pared y pasa a sentirse dentro de la obra.
Kusama desarrolló alrededor de esa idea un concepto que llamó self-obliteration, que suele traducirse como “autoaniquilación” o “disolución del yo”. Mediante la repetición de una misma forma, buscaba borrar simbólicamente las fronteras entre la persona, los objetos y el universo.
Yayoi Kusama también convirtió las redes en infinitas

Los lunares no fueron el único patrón que repitió.
Cuando se instaló en Nueva York a fines de la década de 1950, Kusama empezó a producir enormes pinturas conocidas como Infinity Nets, o “Redes infinitas”.
En ellas repetía cientos o miles de pequeños arcos sobre grandes superficies, sin establecer un principio, un final o un centro evidente.
El efecto era parecido al de observar una red que podría continuar fuera de los límites del lienzo.
El Whitney Museum explica que estos patrones estaban vinculados con aquellas imágenes repetitivas que Kusama experimentaba desde pequeña. El Museum of Modern Art (MoMA), por su parte, destaca que esa repetición terminó convirtiéndose en una de las características centrales de su lenguaje artístico.
La artista había trasladado así una idea muy sencilla —repetir una pequeña forma— a superficies cada vez mayores.
El siguiente paso fue convertir esa repetición en un espacio tridimensional.
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¿Cómo funcionan las famosas habitaciones infinitas?
En 1965, Yayoi Kusama creó una obra decisiva: Infinity Mirror Room—Phalli's Field.
En vez de fabricar manualmente una cantidad interminable de objetos, colocó espejos alrededor de una habitación. Las superficies reflejantes multiplicaban las formas una y otra vez, dando la impresión de que existían miles de copias extendiéndose mucho más allá de las paredes reales.
Habían nacido sus famosas Infinity Mirror Rooms.
Durante su carrera produjo más de veinte instalaciones diferentes de este tipo. Algunas utilizan puntos; otras combinan espejos con luces, esculturas o calabazas. Pero todas juegan con una misma pregunta visual: ¿qué ocurre cuando una imagen parece repetirse sin final?
Los espejos hacen algo especialmente curioso. No solamente multiplican los objetos de la habitación: también reflejan al visitante.
La persona que entra termina formando parte del patrón.
Por eso estas instalaciones pueden generar la sensación de encontrarse dentro de un espacio muchísimo más grande que la habitación real.
¿Por qué aparecen tantas calabazas en sus obras?
Junto con los lunares, las calabazas se convirtieron en otro de los grandes símbolos de Kusama.
Su relación con ellas también comenzó durante su infancia. Su familia tenía un negocio relacionado con semillas y plantas, y Kusama recordó haber quedado fascinada por una gran calabaza durante una visita a un campo con su abuelo.
Décadas después comenzó a representarlas repetidamente en dibujos, esculturas e instalaciones.
Muchas de sus calabazas tienen una característica inmediatamente reconocible: están cubiertas de puntos.
En obras como Infinity Mirrored Room—All the Eternal Love I Have for the Pumpkins, de 2016, Kusama unió sus dos recursos más famosos: decenas de calabazas amarillas con lunares negros se multiplican gracias a espejos hasta parecer innumerables.
De un pequeño punto a una obra que ocupa todo el espacio
Una de las razones por las que Yayoi Kusama terminó siendo tan reconocible es que llevó una misma idea a escalas completamente diferentes.
Un punto podía aparecer primero en una hoja de papel. Después, miles podían cubrir un lienzo. Más tarde invadir una escultura y finalmente una habitación entera.
Incluso creó instalaciones participativas como The Obliteration Room, donde los visitantes reciben adhesivos circulares de colores y los pegan sobre una habitación inicialmente blanca. Con cada nueva persona, muebles, paredes y objetos quedan progresivamente cubiertos hasta que el espacio original parece desaparecer bajo los puntos.
Su obra demuestra así que un recurso visual extremadamente simple puede transformarse en algo complejo cuando se repite, cambia de escala y ocupa el espacio que rodea al espectador.
Los lunares que hicieron famosa a Yayoi Kusama nunca fueron solamente lunares.
Fueron su manera de convertir experiencias personales en imágenes, representar la repetición y jugar con una idea imposible de dibujar literalmente: el infinito.
