Palacio Barolo, un edificio esotérico creado en homenaje al autor de la "Divina Comedia" - Billiken
 

Palacio Barolo, un edificio esotérico creado en homenaje al autor de la "Divina Comedia"

Construido con el fin de convertirse en lugar de descanso eterno de Dante Alighieri, todo el edificio tiene simbolismos que remiten a la Divina Comedia. En esta nota, Billiken te cuenta la historia de unas de las construcciones más emblemáticas de Buenos Aires. 

Inaugurado en 1923, el Palacio Barolo fue construido por un poderoso productor lanero de origen italiano, Luis Barolo, con el fin de convertirse en lugar de descanso eterno de Dante Alighieri, el autor de la Divina Comedia. Cada uno de sus rincones esconde referencias y alegorías a la mayor obra de la literatura italiana de todos los tiempos.

Luis Barolo era Piamontés de nacimiento y había desembarcado en Buenos Aires en 1890 para desarrollar una industria textil todavía incipiente. Fue pionero en el rubro, ya que trajo a la Argentina las primeras máquinas para hilar el algodón y fundó la primera hilandería de lana peinada del país. Muy pronto amasó una gran fortuna y se convirtió en un poderoso productor agropecuario.

En el marco de la Primera Guerra Mundial, lo que más lo atormentaba a Barolo era que se perdieran para siempre los restos del padre de la lengua italiana, Dante Alighieri. Así, empezó a soñar con construir un nuevo mausoleo en Buenos Aires, donde el máximo representante de la poesía italiana estuviera a salvo de las guerras que amenazaban a Europa. Para esa ambiciosa empresa, contó con la ayuda del arquitecto milanés Mario Palanti, a quien conoció en las celebraciones oficiales por el centenario de la Revolución de Mayo, en 1910.

Barolo creía que sólo haciendo una obra excepcional podía lograr que algún día los restos de uno de los próceres nacionales salieran de su patria y fueran traídos a la lejana Buenos Aires. Y así lo hizo: encomendó a Palanti una obra arquitectónica hecha a imagen y semejanza de la Divina Comedia, un edificio que fuera además una puerta de ingreso a ese mundo creado por Alighieri dividido en Infierno, Purgatorio y Paraíso.

Una obra monumental

No es precisamente su tamaño lo que ha consagrado a esta obra sino la relación entre cada una de sus medidas y la obra más importante de Alighieri: cien son los metros de altura del Palacio Barolo, como los cantos en los que se divide la Divina Comedia (uno introductorio y 33 para cada uno de sus niveles, Infierno, Purgatorio y Paraíso) y 22 son los pisos, como los versos de cada uno de los cantos.

Los 22 pisos se dividen de la siguiente manera: los dos subsuelos y la planta baja representan el Infierno. Desde el primero y hasta el 14º corresponden al Purgatorio y del 15º al 22º, en la cumbre, se expresa el Paraíso, con nueve esferas concéntricas que giran alrededor de la Tierra y que son los nueve círculos de Ptolomeo: los siete planetas conocidos hasta entonces (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, más el Sol y la Luna que eran considerados pla- netas); el conjunto de las estrellas fijas y el Cielo, el noveno círculo.

Estilo y organización del edificio

El estilo arquitectónico resulta de una mezcla entre el neo gótico, el neo romántico y el hindú, este último presente en la cúpula. En el punto más alto, donde estaría Dios, hay un faro de 300 mil bujías que con un alcance de 40 kilómetros les daba la bienvenida a los barcos que llegaban al Río de la Plata.

El ingreso es, tal como sucede en la Divina Comedia, por el Infierno. De aquí que las nueve bóvedas de acceso en las que se divide la planta baja, y que representan los 9 pasos de iniciación y las 9 jerarquías infernales, estén escoltadas por cóndores, dragones y serpientes. Y en el hall de entrada, de manera simétrica, también hay una serie de rosetones de 16 pétalos, de vidrio y bronce, que a la vez que permiten el ingreso de luz en el subsuelo, representan los fuegos del Infierno.

El Palacio Barolo es un legado eterno para Buenos Aires, la Argentina y para todos los habitantes del mundo que cada año llegan hasta el número 1370 de la Avenida de Mayo para meterse por un rato en el mundo esotérico e infernal con el que Alighieri marcó para siempre la historia de la literatura universal.

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