¿Por qué Mendoza tiene acequias junto a muchas de sus calles? - Billiken
 

¿Por qué Mendoza tiene acequias junto a muchas de sus calles?

Mendoza recibe pocas lluvias, pero sus calles están cubiertas por enormes árboles. La explicación está en una antigua red de canales que comenzó a desarrollarse antes de la fundación colonial de la ciudad.
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Quien recorre Mendoza por primera vez probablemente encuentre algo poco habitual junto a muchas veredas: largas acequias por las que circula agua. Esos canales forman parte de la identidad de la ciudad, pero su presencia tiene una explicación mucho más profunda que una simple elección urbanística.

Mendoza se desarrolló en un ambiente semiárido, donde el agua siempre fue un recurso limitado. La Municipalidad de la Ciudad señala que la zona recibe alrededor de 220 milímetros de precipitaciones anuales. Frente a esa escasez, sus habitantes aprendieron desde hace siglos a conducir y repartir el agua disponible.

¿Por qué Mendoza necesita acequias?

Calles.

En una región húmeda, buena parte de la vegetación puede desarrollarse gracias a las lluvias. En Mendoza ocurre algo distinto: el balance hídrico natural es deficitario y los árboles urbanos necesitan recibir agua mediante riego para crecer adecuadamente. Un informe oficial de la provincia destaca precisamente que las precipitaciones no alcanzan para compensar el agua que pierde la vegetación.

Gran parte del recurso hídrico mendocino está relacionado con la nieve acumulada en la Cordillera de los Andes. Cuando llega la época de deshielo, esa agua alimenta los ríos y puede distribuirse mediante una compleja red de canales y acequias.

El sistema aprovecha además la pendiente del terreno: el agua circula principalmente gracias a la gravedad, sin necesitar ser impulsada a lo largo de cada pequeño canal.

Las acequias de Mendoza son anteriores a la ciudad colonial

La historia comenzó antes de la llegada de los españoles. La Municipalidad de Mendoza explica que los huarpes ya utilizaban acequias y canales para aprovechar el agua en el antiguo valle donde posteriormente se fundaría la ciudad. La región también recibió influencia de los conocimientos hidráulicos del Imperio inca, cuya expansión alcanzó esta zona.

Cuando Pedro del Castillo fundó Mendoza en 1561, los colonizadores aprovecharon esa infraestructura preexistente y la adaptaron. Las acequias servían entonces para distintas necesidades:

  • Abastecer de agua a la población;
  • Regar huertas y chacras;
  • Distribuir el recurso hacia diferentes sectores del asentamiento.

Por eso, Mendoza se convirtió desde sus primeros tiempos coloniales en una ciudad estrechamente relacionada con una red de canales. El historiador Jorge Ricardo Ponte señala que fue la primera ciudad de fundación española en el actual territorio argentino que contó desde su origen con acequias urbanas para abastecimiento y riego.

¿Cómo las acequias transformaron Mendoza en una “ciudad bosque”?

Aquí aparece una curiosidad: las acequias no fueron construidas originalmente para regar los árboles de las calles.

Según la historia oficial, ocurrió al revés. Como el sistema de canales ya existía junto a las calles, durante fines del siglo XIX y comienzos del XX pudo desarrollarse un ambicioso arbolado urbano utilizando esa agua para mantenerlo.

La forestación comenzó a expandirse con fuerza desde aproximadamente 1872. Con el tiempo, las calles anchas, las acequias y las hileras de árboles formaron un paisaje urbano completamente diferente del ambiente árido que rodea a la ciudad.

El resultado es conocido como la “ciudad bosque”: grandes copas cubren muchas calles, generan sombra y contribuyen a reducir las altas temperaturas estivales. El arbolado también aumenta ligeramente la humedad, favorece la biodiversidad urbana y mejora la calidad ambiental.

Las acequias todavía forman parte de la vida mendocina

Acequias de Mendoza.

El sistema no quedó como una reliquia histórica. Las acequias continúan utilizándose para conducir agua destinada al arbolado público y forman parte de la infraestructura urbana actual.

También se están incorporando métodos de riego más eficientes para enfrentar la escasez hídrica. La Ciudad combina actualmente el riego tradicional por acequias con sistemas presurizados, aspersión y goteo en distintos espacios verdes.

Así, esos pequeños canales junto a las veredas cuentan una historia de adaptación de varios siglos. Las acequias permitieron conducir un recurso escaso, hicieron posible el crecimiento agrícola y, más tarde, ayudaron a crear una de las características más reconocibles de Mendoza: una ciudad extraordinariamente verde levantada en medio de un territorio naturalmente seco.

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