Los colores del semáforo no fueron elegidos al azar. El rojo, el amarillo y el verde llegaron a las calles después de utilizarse en los ferrocarriles, donde resultaba necesario transmitir órdenes rápidas y visibles a distancia.
Con el crecimiento de las ciudades y la llegada de los automóviles, ese lenguaje comenzó a organizar cruces cada vez más transitados. El significado terminó extendiéndose: rojo para detenerse, amarillo para advertir un cambio y verde para avanzar.
¿Por qué se eligieron los colores del semáforo?

El rojo ya se empleaba como señal de peligro y detención. Además, tiene una longitud de onda mayor que el amarillo y el verde, por lo que se dispersa menos que los colores de onda más corta en determinadas condiciones atmosféricas.
El verde quedó asociado con el paso permitido. Se distingue del rojo y permite comunicar la orden contraria sin necesidad de palabras. El amarillo o ámbar cumple una función intermedia: llama la atención y avisa que la señal cambiará.
Actualmente, las indicaciones principales son:
- Rojo: obliga a detenerse antes del cruce.
- Amarillo: anuncia el final del verde y la próxima aparición del rojo.
- Verde: permite avanzar cuando la intersección está despejada.
- Amarillo intermitente: indica precaución, según las normas de cada lugar.
¿Cómo nacieron los primeros semáforos?
El primer semáforo conocido se instaló en Londres en diciembre de 1868, frente al Parlamento británico. Fue diseñado por John Peake Knight, un ingeniero ferroviario, y utilizaba brazos móviles durante el día y luces de gas rojas y verdes durante la noche.
Un policía operaba el mecanismo de manera manual. El sistema funcionó poco tiempo porque una fuga de gas provocó una explosión. Sin embargo, introdujo la idea de trasladar las señales ferroviarias a las calles.
En 1914 se instaló en Cleveland, Estados Unidos, uno de los primeros semáforos eléctricos. Tenía luces rojas y verdes y una señal sonora que anunciaba el cambio.
El amarillo llegó en 1920. El policía William Potts diseñó en Detroit un semáforo de cuatro direcciones y tres colores. La nueva luz creó un intervalo entre avanzar y detenerse, lo que ayudó a ordenar los movimientos en las intersecciones.
Tres años después, Garrett Morgan patentó otro sistema de tres posiciones que incorporaba una pausa para detener el tránsito antes de habilitar la dirección opuesta.
¿Cómo se extendió el sistema por el mundo?

Al principio, cada ciudad podía emplear dispositivos y secuencias diferentes. La necesidad de evitar confusiones impulsó la creación de normas comunes.
En Estados Unidos, el primer manual nacional de dispositivos viales adoptó el semáforo de tres colores como estándar en 1935. La Convención de Viena sobre Señalización Vial de 1968 ayudó luego a uniformar internacionalmente sus significados.
La posición también comunica información: generalmente, el rojo aparece arriba, el amarillo en el centro y el verde abajo. De esta manera, los semáforos combinan color, ubicación y secuencia para transmitir instrucciones claras en pocos segundos.