¿Por qué nos tiembla el cuerpo cuando tenemos frío? - Billiken
 

¿Por qué nos tiembla el cuerpo cuando tenemos frío?

Cuando baja demasiado la temperatura, el cuerpo pone en marcha un mecanismo automático. Los músculos comienzan a contraerse rápidamente y transforman energía en calor.
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Cuando esperamos un colectivo en una mañana de invierno o salimos a la calle sin suficiente abrigo, puede llegar un momento en que nuestro cuerpo comienza a temblar sin que podamos evitarlo. Los dientes castañetean, los hombros se mueven y los músculos parecen actuar por su cuenta. Ese temblor provocado por el frío es, en realidad, uno de los mecanismos que utiliza nuestro organismo para defender su temperatura.

Los seres humanos necesitamos mantener la temperatura interna dentro de un rango relativamente estable para que los órganos y las células funcionen correctamente. Cuando el cuerpo detecta que está perdiendo demasiado calor, el sistema nervioso activa distintas respuestas. Una de ellas consiste en producir contracciones musculares rápidas e involuntarias: lo que conocemos como tiritar o tener escalofríos.

¿Qué hace el cuerpo cuando siente frío?

Invierno.

Todo comienza con sensores capaces de detectar cambios de temperatura. La información procedente de la piel llega al sistema nervioso y es procesada por regiones del cerebro vinculadas con la regulación térmica.

Una de las más importantes es el hipotálamo, una pequeña estructura que participa en el control de la temperatura corporal, el hambre, la sed y otras funciones fundamentales. Cuando recibe señales de enfriamiento, puede poner en marcha mecanismos destinados tanto a conservar el calor existente como a producir más.

Entre las respuestas frente a bajas temperaturas aparecen:

  • Vasoconstricción: los vasos sanguíneos próximos a la piel se estrechan y disminuye la pérdida de calor hacia el ambiente.
  • Temblor muscular: los músculos se contraen y relajan rápidamente para aumentar la producción de calor.
  • Piloerección: los pequeños músculos asociados a los pelos se contraen y generan la conocida “piel de gallina”.

Estas reacciones forman parte de un sistema automático. No necesitamos decidir conscientemente que queremos empezar a temblar.

¿Por qué temblar con frío produce calor?

Los músculos necesitan energía para contraerse. Cada movimiento utiliza energía química almacenada por el organismo y una parte importante termina transformándose en calor.

Cuando tiritamos, numerosos músculos esqueléticos realizan contracciones repetidas que no tienen como objetivo desplazarnos ni levantar un objeto. Su función principal es aumentar rápidamente el gasto energético y, de esa manera, la producción térmica. Este proceso recibe el nombre de termogénesis por temblor.

National Geographic, basándose en Guyton y Hall. Tratado de fisiología médica, señala que durante un escalofrío máximo la producción de calor corporal puede aumentar aproximadamente entre cuatro y cinco veces respecto del nivel normal.

Por eso, aunque resulte incómodo, tiritar es una herramienta eficaz para enfrentarse temporalmente a un ambiente frío.

El cerebro coordina la respuesta al frío

Mujer con frío.

El proceso es mucho más complejo que ordenarles a todos los músculos que se muevan. Investigaciones sobre termorregulación muestran que distintas regiones del hipotálamo reciben información procedente de los sensores térmicos y coordinan respuestas específicas.

Cuando el enfriamiento es suficiente, señales nerviosas descienden hacia la médula espinal y terminan activando los músculos esqueléticos. Las contracciones aparecen de manera involuntaria y pueden variar en intensidad según cuánto calor esté perdiendo el organismo.

Además, el temblor no es la única forma de producir calor. El metabolismo normal de nuestros órganos genera calor constantemente y el cuerpo dispone de mecanismos de termogénesis sin temblor, entre ellos los relacionados con el tejido adiposo marrón.

¿Temblar siempre significa que tenemos frío?

No necesariamente. Los escalofríos también pueden aparecer durante ciertas enfermedades y suelen asociarse con la fiebre. En esos casos, el organismo modifica temporalmente el punto alrededor del cual regula su temperatura y puede activar temblores aunque el ambiente no sea especialmente frío.

Cuando la causa es simplemente una baja temperatura ambiental, abrigarse o ingresar a un sitio cálido reduce gradualmente la necesidad de generar calor extra y los temblores desaparecen.

Así, ese movimiento aparentemente descontrolado tiene una función muy precisa. Cuando sentimos frío, nuestro cuerpo convierte a los músculos en pequeños productores de calor y demuestra que, incluso mientras permanecemos quietos, el organismo está trabajando constantemente para mantener estable su ambiente interno.

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