Una telaraña puede ser una trampa muy eficaz para un insecto y, al mismo tiempo, un camino por el que su constructora se desplaza con sorprendente facilidad. Entender por qué las arañas no quedan atrapadas en sus telas requiere observar tanto los diferentes tipos de seda como las características de sus patas.
En las clásicas telas circulares construidas por las arañas tejedoras, no todos los hilos cumplen la misma función. La estructura básica —formada por el centro, el marco y los radios— contiene seda resistente que no es pegajosa. Sobre ella se dispone una espiral de captura que sí tiene material adhesivo y está destinada a retener a las presas.
¿Por qué las arañas no quedan atrapadas en sus telas?

Durante mucho tiempo se pensó que la explicación era sencilla: las arañas conocían perfectamente su red y caminaban únicamente sobre los hilos sin adhesivo. Esa capacidad existe y ayuda, pero no explica todo el fenómeno.
Mientras construyen una telaraña, las arañas tejedoras entran en contacto muchas veces con los hilos pegajosos. Por eso, los investigadores R. Daniel Briceño y William G. Eberhard estudiaron sus movimientos y patas mediante grabaciones y observaciones microscópicas. Los resultados fueron publicados en 2012 en la revista científica Naturwissenschaften, actualmente llamada The Science of Nature.
El trabajo identificó tres mecanismos que actúan de manera conjunta:
- Pelos microscópicos ramificados en las patas, que disminuyen la superficie que entra en contacto con el pegamento.
- Movimientos cuidadosos, que permiten apoyar y retirar las patas sin presionar demasiado los hilos adhesivos.
- Una superficie química antiadherente en las patas, que reduce todavía más la fuerza con la que se pega la seda.
Es decir, las arañas no son completamente inmunes al adhesivo de su propia tela. En cambio, tienen una combinación de anatomía y comportamiento que disminuye considerablemente el riesgo de quedar atrapadas.
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En muchas telas orbiculares, la espiral destinada a capturar presas está cubierta por diminutas gotas adhesivas. Cuando un insecto volador choca contra ella, esos puntos pegajosos se adhieren a su cuerpo. Cuanto más intenta escapar, más posibilidades tiene de tocar nuevos hilos.
La araña, por el contrario, distribuye cuidadosamente el peso entre sus patas y puede apoyarse preferentemente sobre los radios no pegajosos. Además, sus pelos y movimientos reducen el área de contacto cuando inevitablemente toca una zona adhesiva.
Las vibraciones también son fundamentales. Cuando una presa queda atrapada y comienza a moverse, transmite movimientos a través de la seda. La araña puede detectar esas señales y localizar rápidamente el lugar donde se encuentra el animal.
Sin embargo, no todas las especies construyen telarañas circulares ni todas utilizan seda pegajosa para capturar alimento. Existe una enorme variedad de redes y estrategias entre las arañas.
Así, la respuesta a por qué las arañas no quedan atrapadas en sus telas no depende de un único truco. El secreto está en combinar hilos con distintas funciones, patas especializadas y una manera extremadamente cuidadosa de caminar sobre una de las trampas naturales más eficaces.
