Tiempo después de la Revolución de Mayo, en enero de 1811, la Primera Junta envió a Mariano Moreno en misión diplomática a Londres con el objetivo, según le fue dicho, de conseguir apoyo, comprar armamento y establecer relaciones comerciales.
En Buenos Aires quedaban su esposa, María Guadalupe Cuenca, a quien había conocido en 1804, y el fruto de su amorosa relación: Marianito, el único hijo de la pareja. Moreno tenía 32 años al momento de partir. Sin saberlo, o siquiera sospecharlo, nunca volvería a ver a su familia.

Mucho tiempo después se revelaría el verdadero motivo de su misión diplomática: para Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta y representante del ala conservadora, Moreno era un gran problema por sus ideas políticas, como la separación total de España, el establecimiento de un gobierno autónomo basado en la soberanía popular y el libre comercio, por lo que decidió alejarlo de la Primera Junta.
Al poco tiempo de partir Moreno, Guadalupe Cuenca recibió en su casa un abanico de luto, un velo y guantes negros, y una nota que decía: "Estimada señora, como sé que va a ser viuda, me tomo la confianza de remitir estos artículos que pronto corresponderán a su estado".
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Sin saber qué estaba pasando, pero temiendo lo peor, Guadalupe comenzó a escribirle cartas a su amado; cartas colmadas de amor, miedo, desesperación y celos, rememorando su historia de amor, pidiéndole que no se olvidara de su familia y contándole la tensión política que reinaba en Buenos Aires.
Las cartas de Guadalupe Cuenca a Mariano Moreno

Entre marzo y julio de 1811 se cree que Guadalupe escribió 14 cartas a Mariano, de las que hoy se conservan 11. A continuación, acercamos los fragmentos de algunas de ellas:
El 14 de marzo de 1811 escribió:
- Moreno, si no te perjudicas procura venirte lo más pronto que puedas o hacerme llevar porque sin vos no puedo vivir. No tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu mujer y tu hijo que te consuelen y participen de tus disgustos; ¿o quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que ocupe mi lugar? No hagas eso Moreno, cuando te tiente alguna inglesa acuérdate que tienes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios […].
El 20 de abril de 1811 escribió:
- Mi amado Moreno de mi corazón: me alegraré que lo pases bien en compañía de Manuel. Nosotras quedamos buenas y nuestro Marianito un poco mejorado, gracias a Dios. Te escribí con fecha de 10 o 11 de éste, pero con todo vuelvo a escribirte porque no tengo día más bien empleado que el día que paso escribiéndote y quisiera tener talento y expresiones para poderte decir cuánto siente mi corazón, ay, Moreno de mi vida, qué trabajo me cuesta vivir sin vos, todo lo que hago me parece mal hecho, hasta ahora mis pocas salidas se reducen a lo de tu madre; no he pagado visita ninguna, las gentes, la casa, todo me parece triste, no tengo gusto para nada.
- Van a hacer tres meses de que te fuiste pero ya me parecen tres años; estas cosas que acaban de suceder con los vocales, me es un puñal en el corazón, porque veo que cada día se asegura más Saavedra en el mando, y tu partido se tira a cortar de raíz, pero te queda el de Dios, pues obrando por la razón y con la virtud no puede desampararnos Dios; no ceso de encomendarte para que te conserve en su Gracia y nos vuelva a unir cuanto antes porque ya vos me conoces que no soy gente sino estando a tu lado; sólo Dios sabe la impresión y pesadumbre tan grande que me ha causado tu separación porque aun cuando me prevenías que pudiera ofrecérsete algún viaje, me parecía que nunca había de llegar este caso; al principio me pareció sueño y ahora me parece la misma muerte y la hubiera sufrido gustosa con tal de que no te vayas [...].
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- Los han desterrado, a Mendoza, a Azcuénaga y Posadas; Larrea, a San Juan; Peña, a la punta de San Luis; Vieytes, a la misma; French, Beruti, Donado, el Dr. Vieytes y Cardoso, a Patagones; hoy te mando el manifiesto para que veas cómo mienten estos infames. Del pobre Castelli hablan incendios, que ha robado, que es borracho, que hace injusticias, no saben cómo acriminarlo, [...] y así, mi querido Moreno, ésta y no más, porque Saavedra y los pícaros como él son los que se aprovechan y no la patria, pues a mi parecer lo que vos y los demás patriotas trabajaron está perdido porque éstos no tratan sino de su interés particular [...].
El 9 de mayo de 1811 escribió:
- Ay mi Moreno de mi corazón, no tengo vida sin vos, se fue mi alma y este cuerpo sin alma no puede vivir y si quieres que viva venite pronto, o mandame llevar. No me consuela otra cosa más que cuando me acuerdo las promesas que me hiciste los últimos días antes de tu salida, de no olvidarte de mí, de tratar de volver pronto, de quererme siempre, de serme fiel, porque a la hora que empieces a querer a alguna inglesa, adiós Mariquita, ya no será ella la que ocupe ni un instante tu corazón, y yo estaré llorando como estoy, y sufriendo tu separación que me parece la muerte, expuesta a la cólera de nuestros enemigos, y vos divertido, y encantado, con tu inglesa; si tal caso sucede, como me parece que sucederá, tendré que irme aunque no quieras, para estorbarte; pero para no martirizarme más con estas cosas, haré de cuenta que he soñado, y no te me enojes de estas zonceras que te digo.
El 29 de julio de 1811 escribió:
- Mi amado Moreno, dueño de mi corazón: me alegraré que estés bueno, gordo, buen mozo, y divertido, pero no con ninguna mujer, porque entonces ya no tendré yo el lugar que debo en tu corazón por tantos motivos; con fecha de 26 de éste te escribo, pero con todo lo vuelvo a hacer por no perder ocasión de darte el gusto de saber de tu familia, y tener yo el consuelo de escribirte ya que no te veo; me parece que ya con ésta llevo escritas trece o catorce cartas, la primera fue por mano de Larrea, la segunda por mano de un inglés que se fue, otras por la de Doña Mercedes Lasala, que me manda avisar siempre que hay proporción, otras por mano de don Alejandro, el inglés viejo que te visitaba, otras por la del inglés que vive en lo de tu abuela; tu madre se las entrega, ten el cuidado de recogerlas, en todas te aviso novedades; a Larrea le han embargado todos sus bienes, con pretexto de que debía de derechos ciento y tantos mil pesos, han hecho mil picardías, han querido que Campana sea depositario de todo, ha llegado al extremo que han mandado orden a los pueblos de arriba para que los apoderados de Larrea entreguen a las cajas todo cuanto pertenezca a Larrea, y el pobre sigue desterrado en San Juan.
- No dejes de escribirme todo lo que te pasa, ábreme tu corazón como a tu mujer e interesada en todas tus cosas; basta de guardar secretos a mí, cumple con tus obligaciones de cristiano, no te olvides de mí, ve modo de que nos veamos pronto allá o aquí, porque sin vos no puedo vivir; tengo pronto los ciento cincuenta para el censo, que se cumplió el 27 y aún no me han cobrado, he enterrado los treinta y ocho, que he recibido de tres meses que hace que está alquilado el cuarto; los sesenta que me pagó Giménez, doce de las sillas de paja viejas, las botellas de sidra, otros doce y lo demás que he ahorrado de mi mesada; no me falta nada gracias a Dios y Dios te dé cuanto deseas y a mí me vuelva a mi Moreno que es lo único que quiero y debo desear.
El final de Mariano Moreno
A principios de agosto, Guadalupe recibió una encomienda de su cuñado, Manuel Moreno. En ella se anunciaba que Mariano había muerto en altamar, dos meses después de su partida, en el mes de marzo.
Junto a la triste noticia venían, sin abrir, las 14 cartas que Guadalupe le había escrito. Moreno murió muy joven, a los 32 años, y aunque nunca fue demostrado se cree que fue por envenenamiento. Ella vivió hasta 1854, un año después de sancionada la primera Constitución Nacional.
