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Eva Fernández: “La escuela es el lugar de lo posible”

Billiken continúa con la sección “La escuela en primera persona”, que tiene como fin hacer visibles las diversas experiencias de quienes componen la comunidad educativa. En esta oportunidad conversamos con Eva Fernández, la profesora de matemáticas que obtuvo un reconocimiento nacional como “Maestra Ilustre” en 2018 por la provincia de Salta, entre otras menciones, y que en 2021 alentó a Maximiliano Sánchez para que participara del “Global Student Prize”.
Educadores
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Eva Fernández ejerció la docencia durante muchos años. Aunque ahora está jubilada, fue una muy destacada profesora de matemáticas en varias escuelas de General Enrique Mosconi (Salta). En 2016 recibió el premio “Lola Mora”, que fue entregado por el Senado de la Nación, y en 2018 obtuvo un reconocimiento nacional como “Maestra Ilustre” por la provincia de Salta. Más recientemente, en 2021, fue reconocida por la Cámara de Diputados de Salta por su trayectoria educativa. Y como si fuera poco, alentó a Maximiliano Sánchez para que participara del “Global Student Prize”.

— ¿De qué se trató el reconocimiento que le hicieron hace unos meses en la Cámara de Diputados de la provincia de Salta?

— Fui reconocida por la trayectoria y el compromiso vocacional y educativo. La propuesta la presentó el diputado Adrián Valenzuela, que se basó en mi acompañamiento hacia Maximiliano Sánchez, quien fue nominado a un premio internacional, ya que soy su maestra y tutora. El reconocimiento se efectuó en el predio de la Legislatura Provincial, junto al Presidente de la Cámara de Diputados y los diputados Adrián Valenzuela y Franco Hernández.

— Ya la habían seleccionado como “Maestra Ilustre” en 2018. ¿Cómo se sintió en ese momento?

— En esos momentos pensé en mis alumnos y les agradecía tanto a ellos por ese gran logro, sin su participación nada hubiera sido posible. Siempre pienso que la escuela es el lugar de lo posible, cuando construimos conocimientos, integramos lo que aprendemos, experimentamos, eso que es posible se convierte en realidad. El saber tiene saber cuando es con otro, ahí se pone de manifiesto lo que se aprende. Sentí alegría al saber que he podido hacerles entender a mis alumnos que participar de un proyecto es ser parte y no quedarse afuera o apartarse, es ser parte de la toma de decisiones. Todos en general tienen un marco de participación y pueden transformar la exclusión en palabras para ser escuchados. Esto los hace confiar en otros, recibir lo necesario, hacerse cargo de una responsabilidad, crecer, creer en ellos mismos, pelearla hasta lograr el objetivo y, sobre todo, hacer valer lo aprendido.

Eva Fernández recibiendo la mención como “Maestra Ilustre”

— ¿Y cómo se siente ahora con el nuevo reconocimiento?

— Siento que cada día estoy más convencida de que una sociedad será posible cuando reconozcamos el espacio legítimo de nuestros niños y jóvenes en ella y cuando seamos capaces de acompañarlos en toda iniciativa que les permita apropiarse de sus derechos y desarrollar sus responsabilidades, porque es en ese momento que sentimos que estamos realizando una invitación a la confianza, un desafío a la esperanza.

— ¿Cómo fue transitar la docencia? 

— Empecé a trabajar como docente en 1984 y me jubilé en 2018. Desde mi punto de vista, para ser profesora hay que ser una persona que ama enseñar, que le gusta y sabe hacerlo, actuar de manera afectuosa, entregar de forma eficaz el conocimiento y entusiasmar a los alumnos en sus clases. No ser una mera transmisora de conceptos, sino también una mediadora y una agente de cambio. He escrito, experimentado, practicado muchas cosas respecto a mi profesión y estoy cada vez más convencida de que no me veo haciendo otra cosa, siento que nací para ser esto que amo, que hice y sigo haciendo. Amo ser docente porque miles de veces he tenido la posibilidad y habilidad de transformar vidas, de darme a querer y a veces no, al mismo tiempo. Creo que he dejado en mis estudiantes recuerdos buenos y otros no tanto, lecciones de vida, lecciones de matemáticas, de aprender a expresarse, entre otras, para que las apliquen en sus vidas.

Eva Fernández recibiendo el premio “Lola Mora”

— ¿Cuál cree que es su particularidad como docente?

— Lo que me caracteriza como docente, aunque ahora estoy jubilada, es siempre entender que la educación es un servicio a la sociedad y que debe ser respetada y valorada por todos. También sentir la profesión desde lo más profundo, que el camino elegido estaba hecho para mí. También pienso que mi dedicación y responsabilidad fueron importantes. Pero, sobre todo, la amabilidad me llevó a triunfar en todo proyecto que emprendía, es una actitud esencial para generar respeto y confianza y así lograr que muchas puertas se abran en el camino. También hay que saber ponerse en el lugar del alumno, mirarlo a los ojos, entender el por qué de su actitud. Además creo que la motivación es más imprescindible por parte del docente que del alumno, porque el docente es un generador de emociones dinámicas. Un docente motivado es una pieza fundamental en las reglas de la enseñanza, un docente sonriente puede crear alumnos sonrientes. Cuando se está motivado aumenta la probabilidad de un aula feliz. Por otra parte, un docente flexible, que es comprensivo y humilde, hace sentir que no lo sabe todo y que puede aprender mucho de sus estudiantes. Mi triunfo fue el entusiasmo que ponía en las clases, ya que en Matemática no hay temáticas aburridas cuando los números rondan en tu mundo.

Eva Fernández junto a Maximiliano Sánchez

— La primera vez que hablamos me había comentado su interés por que las matemáticas generaran un cambio en la vida de los chicos. ¿En qué consiste una enseñanza de ese tipo?

— Siempre busqué la forma de que los alumnos vivan y se emocionen con una matemática activa, un modelo que fomentara la participación activa del alumnado al construir sus aprendizajes manipulando materiales, comprendiendo el por qué de las cosas, enunciando lo comprendido y aplicando las conclusiones a situaciones de la vida cotidiana. Así hacía entender a mis alumnos que su papel de estudiantes no se limitara sólo a comprender lo que podía enunciar yo como docente y que los contenidos podían trabajarse de distintas maneras. El principal objetivo era alcanzar el desarrollo de la competencia matemática junto a otras competencias claves del currículum escolar, ya que siempre voy a sostener que las clases tienen que estar basadas en situaciones cotidianas y planteadas por los mismos alumnos, con sus contextos. Es decir, que los aprendizajes que se realizan en la escuela les sirva en su realidad, así se transforman en aprendizajes significativos, difíciles de olvidar.

Eva Fernández acompañando a Maximiliano Sánchez en su visita al presidente de la Nación

— También me había hablado acerca de que siempre hizo foco en la diversidad. ¿Cómo se puede relacionar esa temática con las matemáticas?

— La escuela es un lugar particularmente rico en diversidad ya que nos encontramos con una comunidad educativa diversa en cuanto a condiciones de vida, valores, creencias. Por eso generé y acompañé un proyecto para alumnos de Educación Especial, que fue una rica experiencia, ya que representó un beneficio para todos los miembros de nuestra institución. En la primera etapa se trabajó con la visita a docentes de Educación Común y Especial para hablar sobre la inclusión y el uso de juegos matemáticos. En la segunda etapa se trabajó el diseño y la elaboración de los juegos matemáticos, que propusieron los alumnos a través de la lectura de libros, revistas o internet. Luego se promovió la gestión de recursos para la realización de las Olimpiadas Matemáticas Tortuguitas. Esta propuesta fue una invitación al mundo de lo concreto, y el ejercicio de la lectura de un problema dejó fluir las múltiples ideas y voces. La propuesta fue valiosa porque se trabajó en forma conjunta entre docentes de Educación Primaria y Educación Especial. Significó aprender a respetar, aceptar las diferencias y ayudar al otro, estableciendo lazos de solidaridad. Para los niños con diferentes discapacidades significó ser querido y reconocido para contar con mayores posibilidades de ser incluido en una escuela común. Por otro lado, se trabajó con la Matemática no como una ciencia dura e individualista, sino desde un aprendizaje cooperativo en donde la visión del equipo hacía que cada uno de los involucrados trabajara para un objetivo común compartido.

Eva Fernández junto a Maximiliano Sánchez

— ¿Cómo llegó a acompañar a Maximiliano Sánchez? 

— A Maxi lo conocí en un encuentro intercultural en la Semana de la Diversidad cuando él todavía cursaba el ciclo primario. En esa jornada él me ayudó con la traducción de los más pequeños de su escuela, la n° 4232 “Wichi Indios Matacos”. Después de unos años nos volvimos a encontrar en la secundaria, en este caso ya pasó a ser mi alumno en el primer año, en la tercera división de la Escuela de Comercio 5005 Juan XXIII. Siempre se mostró participativo y con un buen concepto en general. Ese año me jubilaba, él se aferró mucho a mi persona ya que lo acompañaba en sus trayectorias escolares, se notaba que necesitaba la mirada del otro. A fines de octubre de ese año me jubilé y él me despidió con pocas palabras, sinceras y llenas de emoción, que lo llevó a llenar de lágrimas su rostro. Mi corazón palpitaba fuerte, no podía creer tanto cariño, más viniendo de un integrante de una comunidad originaria, ya que a ellos les cuesta demostrar lo que sienten por su timidez y esa gran barrera de socialización que se crea a su alrededor. Desde ese momento prometí a Maxi que no lo dejaría solo, que siempre lo iba a acompañar hasta lograr sus metas y sueños. Creo que esto hizo de Maxi creer más en él, demostrar que todo se podía hacer posible. Ambos atravesamos barreras, él más que yo, como la barrera de la pobreza, del hambre, del dolor por la desaparición de su hermanita de siete años, la de la desigualdad. Y hoy puedo decir que una gran puerta se abrió para él con ese “Global Student Prize”. El estar entre los cincuenta mejores ha hecho que muchos puedan saber de la comunidad wichí. Me siento feliz de haber hecho lo correcto, de creer en él, en sus capacidades, habilidades, solidaridad y, sobre todo, en su empatía. Esta experiencia me sirve para seguir haciendo brillar a muchos Maxi, a otros chicos que están esperando que alguien haga brillar su luz escondida.  

¿Te gustó la historia de Eva? Próximamente compartiremos más experiencias de las comunidades educativas de todo el país en la sección “La escuela en primera persona”.

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